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Antonio Escobar Huertas
Ceuta,
14/11/1879 - Barcelona, 08/02/1940
Hijo, hermano y padre de militares; padre
y hermano de monjas; con un hijo Falangista y otro capitán de la
Guardia Civil,
era coronel del Tercio Urbano de la Guardia Civil de Barcelona cuando se
produce la sublevación militar de julio de 1936. Católico,
terciario franciscano y
conservador, se mostró fiel a su juramento, resultando decisivo en la derrota de la sublevación en
Barcelona.
Dependiente de la Generalitat desde su nombramiento, el 18 de
julio Lluis
Companys requirió su presencia para confirmar su lealtad y la del
General Aranguren, a la sazón superior de Escobar.
Desde el primer
momento consideró un error
armar a las anarquistas, temeroso de tener que que luchar contra
ellos y contra los sublevados al mismo tiempo. De igual modo,
también consideró erróneo no desarmarles al finalizar la
sublevación en Barcelona. La quema de conventos y asesinato de religiosos,
así como la muerte de los militares sublevados, que
siguieron al fracaso del alzamiento en la ciudad le afectaron
profundamente, pero mantuvo su compromiso con el régimen
republicano. Motivo añadido de pesar fue saber que su hijo José
combatía con los nacionales (moriría en Belchite).
Habiendo ganado
la confianza del presidente Azaña, tras la transformación de la
Guardia Civil en Guardia Nacional Republicana, Escobar se incorporó
al Ejército del Centro, combatiendo en Talavera, Escalona y Navalcarnero
tratando de detener el avance de las tropas sublevadas hacia Madrid.
Fue herido en la Casa de Campo de Madrid durante la batalla de
Madrid, por lo que tuvo que permanecer en reposo durante varios
meses. Durante su convalecencia, permaneció varios días en el
santuario de Lourdes, en Francia con permiso expreso del presidente
Azaña. A pesar de haberse podido quedar en Francia o pasarse a
los nacionales, regresó al territorio republicano.
Posteriormente fue nombrado director general de Seguridad de Cataluña,
con lo que el gobierno de la república se hacía cargo del orden
público en Cataluña, en la misma víspera de los sucesos de mayo
de 1937. Sin embargo, al poco de llegar a Barcelona, en el corto
trayecto del cuartel de la calle de Ausiàs Marc a la Conselleria
de Governació (Consejería de Gobernación), y a pesar de la
escolta, es alcanzado por una ráfaga de ametralladora que le aloja
siete proyectiles en el cuerpo, uno de ellos junto a la columna.
No se trata de un accidente sino de un premeditado atentado anarquista.
Una vez recobrado,
tomó parte de la batalla de Brunete y en acciones en la zona de
Teruel, formando parte del Ejército de Levante. En julio de 1938
es ascendido a general en jefe del Ejército de Extremadura. En
1939, siguiendo órdenes de la Junta de Defensa casadista, rinde
sus tropas al general Yagüe en Ciudad Real. Aunque éste le ofrece
una avioneta para huir a Portugal (Escobar era el único general
en jefe del Ejército Republicano que quedaba en España), el general
Escobar no acepta.
Juzgado por rebelión militar, es condenado a muerte en Barcelona.
A pesar de que altos dignatarios de la Iglesia Católica como el
cardenal Segura solicitan su indulto, Franco no cede y el 7 de
febrero de 1940 llega la sentencia de muerte, aprobada en Madrid.
En ella se determina que, según petición de la defensa, se rindan
honores militares al Coronel durante su fusilamiento (los nacionales
no le reconocen el grado de general).
Así , el 8 de febrero
de 1940, él mismo dirige el piquete de 50 guardias civiles que
le ha de fusilar en el foso del castillo de Montjuïc, dando el
capitán a cargo del piquete la orden preventiva y él la
ejecutiva. Tras la descarga, el médico determina que sigue vivo
y marca la sien al capitán, que le da el tiro de gracia. El médico,
nuevamente, determina que sigue vivo y aconseja un disparo en
el corazón; que será el que acabe con su vida.
Tras ello, los 50
guardias civiles en fila de a tres, precedidos por una banda de
trompetas y tambores, desfilan ante el cadáver rindiendo los
honores reglamentarios.
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