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Melchor Rodríguez

 

 

Melchor Rodríguez García

Sevilla, 30/05/1893 - Madrid, 14/02/1972

 

Conocido como el "Ángel Rojo" por su actuación como Delegado General de Prisiones durante la Guerra Civil también fue calderero, carrocero, ebanista, novillero cobrador de seguros y, efímeramente, alcalde de Madrid.

Sus padres eran dos humildes trabajadores del barrio de Triana de Sevilla. Él trabaja de maquinista en los muelles del Guadalquivir, donde moriría prematuramente por culpa de un accidente y ella era costurera y cigarrera.

La muerte de su padre no hizo sino acrecentar la situación de pobreza de la familia, por los que a los trece años dejó los estudios en la escuela del asilo y empezó a trabajar como calderero. Es en esa época cuando inicia su carrera como torero recorriendo diferentes ferias y capeas que, poco a poco le irán encumbrando hasta que el 5 de septiembre de 1915 debuta de luces en Sanlúcar de Barrameda con reses de García de la Lama, junto a Antonio García "Bombita IV".

No obstante, el 4 de agosto de 1918, durante su presentación en Madrid, es cogido gravemente en la plaza de Tetuán de las Victorias por una res de Montoya. En 1920, tras algunas corridas en Santiponce, el Viso de Alcor, Salamanca y Sevilla, se retira para siempre de los ruedos. El Cossío incluye una referencia su figura.

Hacia 1920 se afilia a la CNT, sección de automóviles del ramo de la madera de Sevilla formándose junto a Paulino Diez y Manuel Pérez, a quien sucedería en la presidencia. Ese mismo año regresa a Madrid y se afilia a la UGT pero sus ideas anarquistas le llevan a fundar con Celedonio Pérez, Francisco Trigo, José Barrios, Manuel López y Feliciano Benito el grupo "Los Libertos" que actúa en el Ateneo de Divulgación Social.

En 1921 comienza una nueva etapa profesional como chapista en una empresa de carrocerías en la que sus jefes alabaran su perfeccionismo y dedicación.

En 1927 será uno de los primeros en adherirse a la FAI, desarrollando una actividad muy intensa en los años previos a la Guerra Civil. Así, por ejemplo, será delegado del Comité republicano revolucionario enviado a Jaca el 11 de diciembre de 1930 para convencer al capitán Galán de que aplazara su levantamiento; en octubre de 1933 participa en un mitin pro amnistía en Gijón y en julio del mismo año preside el gran mitin madrileño; en 1934 se entrevista, junto a Celedonio Rodríguez, con Diego Martínez Barrio para pedir la liberación de 200 cenetistas y destaca en la huelga de 1936. También pasará multitud de veces por las cárceles monárquicas y republicanas, pero nunca por delitos violentos ya que era defensor de un anarquismo pacifista y muy humanista, que supo estar a la altura de las circunstancias.

Al estallar la Guerra Civil, los anarquistas colaboran con el gobierno en la sofocación de la sublevación y se organizan el milicias. Más tarde, el 10 de noviembre de 1936 es nombrado delegado especial de prisiones de Madrid y, fiel a sus ideas (""Se puede morir por las ideas, pero no matar por ellas"), intenta acabar con las sacas de presos pero las interferencias y amenazas que recibe le hacen dimitir del cargo el día 14.

No obstante, regresa de nuevo al cago el 4 de diciembre aunque, esta vez, con poderes plenipotenciarios otorgados por el Ministro de Justicia Joan García Oliver, también contrario a las sacas. Sólo en estas condiciones consigue acabar con la matanza de Paracuellos del Jarama y el resto de sacas. Para ello, la primera medida que toma es la de prohibir los traslados de presos entre las 7 de la tarde y las 7 de la mañana si su expresa autorización y restituye la autoridad de los  directores y funcionarios de prisiones encargados de la custodia de los 11.000 presos políticos.

Paralelamente extendió avales y salvoconductos a personas en peligro y se incautó del palacio del marqués de Viana para cobijar a perseguidos políticos. Una vez acabada la guerra su propietario, Teobaldo Saavedra, manifestaría que "no falta ni una cucharilla". También recorrerá los pueblos próximos para evitar fusilamientos sumarios, a menudo en el último momento y denunciará la existencia de checas como las que José Cazorla, consejero de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid, mantenía en poder de los comunistas.

El día 8 de diciembre de 1936 una multitud iracunda por los bombardeos nacionales intenta asaltar la prisión de Alcalá de Henares para matar a los presos derechistas (sólo unos días antes la muchedumbre había matado a 319 de los 320 presos de la cárcel de Guadalajara) y a ellos se le unen algunos milicianos e incluso parta de los vigilantes de la cárcel. No obstante, tras más de siete tensas horas de conversaciones, amenazas, insultos y empujones, la multitud se disuelve y sin disparar un tiro logra salvar a los 1.532 presos, a los que había dado orden de armar si era necesario para evitar la saca.

Entre ellos destacan personalidades tan significadas de la dictatura que está por venir como  Agustín Muñoz Grandes, Raimundo Fernández Cuesta, Martín Artajo, Peña Boeuf, Serraño Suñer, Rafael Sánchez Mazas, el general Valentín Gallarza y otros como los hermanos Luca de Tena o Boby Deglané. Serán ellos los que le apoden como "El ángel rojo".

En marzo de 1937 es destituido por los comunistas y nombrado Delegado de cementerios, trabajo que desempeña con la dedicación que presta a todo lo que hace. Posteriormente es nombrado concejal del Ayuntamiento de Madrid en representación de la FAI. En esa situación, el 28 de marzo de 1939, al ser el último concejal en la capital y haberse negado a abandonarla, entrega la ciudad a las tropas nacionales, que le arrestan. Pese a este breve periodo como máxima autoridad municipal, no consta en la lista de alcaldes de Madrid.

Juzgado y condenado tan sólo a seis años y un día de cárcel, el testimonio favorable de muchos a los que había salvado la vida influyó en la benevolencia de una condena de la que cumpliría algo más de un año y medio. Una vez liberado, reinicia sus actividades clandestinas y las compagina con un trabajo como vendedor de seguros, trabajo en el que se jubilará. Más de una vez rechazará ayudas económicas de la gente a la que había salvado la vida y que tanta falta le habrían hecho.

Finalmente, el 14 de febrero de 1972 moría en Madrid tras un corto ingreso en el Hospital Francisco Franco. Se había desmayado y golpeado en la cabeza al caer.

En su funeral se congregaron gentes de muy diferente ralea, desde anarquistas en la clandestinidad hasta ministros franquistas. Durante el mismo, Martín-Artajo, ministro de Asuntos Exteriores, reza un padrenuestro colectivo frente al féretro con la cruz y a continuación Ricardo Horcajada, militante anarquista, despliega una bandera rojinegra sobre el ataud para que acto seguido los demás asistentes anarquistas entonen "A las barricadas", sin que se produzca ningún altercado o detención.

Según el hijo de Martín-Artajo, éste vistió una corbata rojinegra durante el funeral del que fue su amigo en virtud a un pacto realizado en el hospital: "Vale, ya que te empeñas, yo beso ese trozo de madera (una cruz), pero tú te comprometes a ponerte una corbata anarquista".

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