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Las Trece Rosas

Ante la inminente caída de Madrid los militantes del PCE, conscientes de la delicada situación que se avecinaba, prepararon la evacuación del mayor número posible de dirigentes dejando la organización en manos de militantes de segundo nivel (en su mayoría gente muy joven) que tendría como tarea fundamental ayudar a los compañeros presos, a sus familias y esconder a los perseguidos mientras esperaban noticias del exilio.

Para el régimen franquista la juventud de los militantes de las Juventudes Socialistas Unificadas representaba un peligro puesto que la organización, de consolidarse, podía llegar a durar muchos años. Era necesaria su eliminación.

Poco a poco, las JSU fueron cayendo sin tiempo a reorganizarse. Los detenidos, tras sesiones de interrogatorio y tortura delataban a sus compañeros o se les dejaba ir, seguidos por policías, y se les utilizaba como gancho para detener de todos aquéllos que se acercaban a ellos.

Càrcel de Ventas. Procesión del Corpus

Parte de los militantes de las JSU fueron delatados, tras duras sesiones de tortura en la comisaría del Puente de Vallecas, por el que hasta ese momento era su dirigente, José Peña Brea, a la sazón de 21 años. Y otros muchos lo fueron por la acusación de vecinos o familiares. Entre la multitud de detenidos se hallaban trece muchachas con edades comprendidas entre los 18 y los 29 años y que, más tarde, serían conocidas como "Las Trece Rosas" dada su juventud.

El nombre de esas muchachas eran Carmen Barrero Aguado (24 años), Martina Barroso García (22 años), Blanca Brisac Vázquez (29 años), Pilar Bueno Ibáñez (26 años), Julia Conesa Conesa (19 años), Adelina García Casillas (19 años), Elena Gil Olaya (20 años), Virtudes González García (18 años), Ana López Gallego (21 años), Joaquina López Leffite (23 años), Dionisia Manzanero Salas (20 años), Victoria Muñoz García (18 años) y Luisa Rodríguez de la Fuente (18 años). Tras una estancia, más o menos larga en distintas comisarías, fueron ingresando en la cárcel de mujeres de Ventas durante los meses de mayo y junio de 1939.

Inaugurado en 1933, el centro penitenciario de Ventas se instituyó como pionero en un plan de modernización de las instituciones penitenciarias llevado a cabo tras el advenimiento de la República. Este plan buscaba facilitar la reinserción social de sus reclusas. Se creó con una capacidad máxima de 450 personas pero, en aquel verano de 1939, el número de internas superaba las 4.000. Al hacinamiento evidente había que sumarle problemas de higiene, insalubridad y mala alimentación.
                               
Carmen Castro Cardús, Directora de la Cárcel de Ventas y monja teresiana            

El asesinato del comandante de la Guardia Civil y encargado del "Archivo de Masonería y Comunismo" Eugenio Isaac Gabaldón Irauzun, su hija y su chófer el 27 de julio de 1939 en Talavera de la Reina, en una acción atribuida a tres miembros de las JSU, tuvo como represalia que 58 de los detenidos fueran encausados en el expediente 30.436 y llevados ante el Tribunal de las Salesas donde serían juzgados.

El caos reinante en aquel momento en los tribunales; hizo que algunas de las detenidas, acusadas por el intento de la reorganización de las JSU, no fueran encausadas y en cambio otras detenidas por otros motivos sí que lo fueran como en el caso de Julia Conesa, Adelina García y, sobre todo, Blanca Brisac que nunca militó en ningún partido ni organización política.

El día 3 de agosto de 1939, aquellas quince muchachas y los cuarenta y tres hombres escucharon la sentencia del Tribunal de las Salesas. Ésta disponía lo siguiente:

"Reunido el Consejo de Guerra Permanente número 9 para ver y fallar la causa número 30.426 que por el procedimiento sumarísimo de urgencia se ha seguido contra los procesados (.) responsables de un delito de adhesión a la rebelión (.) Fallamos que debemos condenar y condenamos a cada uno de los acusados (.) a la pena de muerte.".

Se les acusó de reorganizar las JSU y el PCE con el objetivo de cometer actos delictivos contra "el orden social y jurídico de la nueva España"; pero la mayoría de los militantes de las JSU encausados habían sido detenidos poco después de finalizar la guerra sin tiempo a integrarse en la organización clandestina o lo habían hecho recientemente.

Sólo una de las muchachas, Julia Vellisca del Amo (19 años) se libró de la pena de muerte y fue condenada a 12 años de prisión por el delito de "auxilio a la rebelión". Y, por un error burocrático, otra de las jóvenes, Antonia Torres Llera, no fue fusilada aquel verano de 1939 pero no se libró de su suerte puesto que la sentencia fue ejecutada en febrero de 1940.

Al día siguiente por la noche, las trece muchachas fueron conducidas a la sala de actos del centro penitenciario que hacía las funciones de capilla. Allí pudieron escribir a sus familias toda vez que se hubieran confesado.

"Voy a morir con la cabeza alta (.) Solo te pido (.) que quieras a todos y que no guardes nunca rencor a los que dieron muerte a tus padres, eso nunca. Las personas buenas no guardan rencor (.) Hijo, hijo, hasta la eternidad (.)"

Carta de Blanca Brisac a su hijo.

"Madre, hermanos, con todo el cariño y entusiasmo os pido que no me lloréis nadie.Salgo sin llorar. Me matan inocente, pero muero como debe morir una inocente. Madre, madrecita, me voy a reunir con mi hermana y papá al otro mundo, pero ten presente que muero por persona honrada. Adiós, madre querida, adiós para siempre. Tu hija, que ya jamás te podrá besar ni abrazar. Que mi nombre no se borre de la historia".

Carta de Julia Conesa a su madre.

Ya en la madrugada del día 5 de agosto de 1939, se llevó a cabo la ejecución de la sentencia a pesar de que no había pasado el período que había establecido el tribunal para que llegase el "enterado" del general Franco (necesario para llevar a cabo las ejecuciones).

Los 43 hombres primero y las 13 muchachas minutos después, fueron fusilados junto a la tapia del cementerio del Este de Madrid, que se encontraba a poca distancia de la cárcel de Ventas. En aquella saca del 5 de agosto de 1939 se encontraban quince menores de edad (entonces, 21 años), siete de ellos eran mujeres.

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Breve reseña de "Las Trece Rosas":

» Carmen Barrero Aguado (24 años)

De profesión modista se afilió al PCE en diciembre de 1936. Durante la guerra llevó a cabo trabajos en talleres de la intendencia en Valencia. Acabada la contienda fue encargada por los dirigentes del Comité Nacional de elaborar un plan de trabajo político destinado a las mujeres y se convirtió en la responsable femenina del PCE en Madrid. En este plan, incautado por la Policía, se recomendaba la creación de una responsable femenina en el Comité Provincial del partido encargada de organizar grupos compuestos por tres mujeres por barriadas cuya misión sería la de realizar visitas a las cárceles y preocuparse por las necesidades de los reclusos.


» Martina Barroso García (22 años)

Entro en las JSU en enero de 1937. Trabajó cosiendo en un taller de la organización "Unión de Muchachas" y, posteriormente, en un comedor social en el que se cuidaban a huérfanos hasta que acabó la guerra. Organizó el grupo del sector de las JSU de Chamartín.


» Blanca Brisac Vázquez (29 años)

Era la única casada y tenía un hijo. No militaba en ninguna fuerza política y era votante de derechas. De profesión pianista tocaba junto a su esposo, Enrique, en una pequeña orquesta que amenizaba las proyecciones de las películas del Cine Alcalá. La ayuda económica que la pareja hizo a un músico militante comunista, Juan Cánepa, tras la guerra hizo que fueran detenidos. El marido de Blanca también estuvo en la saca del día 5 de agosto de 1939.


» Pilar Bueno Ibáñez (26 años)

De profesión modista se incorporó al comienzo de la guerra al trabajo de retaguardia en una guardería de Madrid para pasar a desempeñar un puesto de notable responsabilidad dentro del PCE como responsable de la Organización del Comité Provincial de Madrid. Su labor consistió en nombrar a enlaces y dirigentes para los diferentes sectores del partido.


» Julia Conesa Conesa (19 años)

Ingresó en el PCE en 1936 ó 1937. Gran aficionada al deporte llegó a convertirse en Secretaría Deportiva del Sector Oeste.


» Adelina García Casillas (19 años)

Entró a formar parte de las JSU desde primeros de 1937. Una vez detenida y ya en la cárcel de Ventas trabajó como cartera del centro.


» Elena Gil Olaya (20 años)

Afiliada en las JSU en 1937. Tras la guerra entró a formar parte del grupo de las JSU del sector de Chamartín de la Rosa con Martina y Ana.


» Virtudes González García (18 años)

Entró a formar parte de las JSU en agosto de 1936 y se convirtió en Secretaría Femenina del Club "Pablo Vargas" antes de pasar a la Comisión de Organización del Comité Provincial.


» Ana López Gallego (21 años)

Pertenecía a las JSU desde enero de 1937 y durante la guerra estuvo trabajando en talleres de costura y ocupando diversos cargos en el Comité Provincial como el de secretaria de Radio Chamartín.


» Joaquina López Laffite (23 años)

Entró en las JSU en 1936 y trabajó en el Comité Provincial como ayudante del Secretario Administrativo.


» Dionisia Manzanero Salas (20 años)

Afiliada en abril de 1938 al PCE después que un obús matara a su hermana y a otros niños que jugaban en un descampado. Trabajó como mecanógrafa en la Comisión de Organización del partido del Sector de Chamartín de la Rosa.


» Victoria Muñoz García (18 años)

Se incorporó a las JSU en 1936 y, una vez acabada la guerra, entró a formar parte del grupo del sector de Chamartín de la Rosa.


» Luisa Rodríguez de la Fuente (18 años)

Entró en las JSU en 1936 y llegó a ser jefe de grupo del Sector de Chamartín de la Rosa.

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