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Gases y
lucha contra gases |
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Puede decirse que el uso de
gases durante la Guerra Civil Española
fue muy
reducido y del todo
irrelevante desde un punto de vista táctico.
No obstante, hay casos documentados que permiten afirmar que se
usaron armas químicas durante la guerra civil española, a pesar de
su poca entidad.
Históricamente las armas
químicas se habían utilizado desde la antigüedad, ya fuese con
cadáveres infectados, flechas envenenadas, o un largo etcétera,
siendo la antigua China la que tiene los casos documentados más
antiguos (siglo V A.C.). Será, no obstante, durante la I Guerra
Mundial cuando se utilicen, por primera vez, de forma masiva y
constante.
Posteriormente, el ejercito
español, asesorado por expertos alemanes, utilizará gas mostaza y
fosgeno en la represión de los rifeños en el contexto de la guerra
de Marruecos (1921-1927), lanzándolo contra la población civil de
forma indiscriminada en un intento de destruir su resistencia y
sus cultivos. Es evidente, pues, que durante la Guerra Civil los ejércitos
de ambos bandos contaban con los conocimientos necesarios para su
producción y uso.
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Gases y lucha contra gases en la Guerra Civil Española
Continuando con el párrafo
anterior ambos ejércitos contaron con gases en sus arsenales y
equipos contra gases, en mayor o menor medida. En este sentido, la
República contaba con el Servicio de Defensa Contra Gases (SDCG)
y los nacionales con
28 equipos
pesados contra gases y 25 ligeros, integrados en el Servicio de
Guerra Química.
Naturalmente, la ayuda extranjera incluía gases, máscaras y equipo
antigás como los modelos alemanes e italianos o
los comprados por la República en Checoslovaquia, Bélgica o
Francia.
Por tanto, es
evidente que desde el comienzo de la guerra se consideró el uso de
gases. Ya en la temprana fecha de octubre de 1936, el Gobierno de la
República, decidió, con los medios de la Fabrica de la Marañosa,
crear una Factoría para producir agentes Químicos. Se nombró en
principio Director del Proyecto a un hijo de José Giral,
ex-ministro de Marina y Farmacéutico de profesión como su
padre. Sin embargo las Fabricas, se instalaron al final en
Cataluña, y pasaron a depender de la Comisión de Industrias de
Guerra de Cataluña, una organización del Gobierno autónomo.
Con este
objetivo, se crearon dos Fábricas, la F-5, para colorantes y
materiales orgánicos y la F-6, para clorantes y productos
sintéticos. La F-5 se instaló en diciembre de 1936 en el pueblo
gerundense de Queralbs, cercano a la frontera francesa, quedando a
cargo del químico Francisco Sánchez Mur.
Según los planes
iniciales, la F-5 debería producir de 2.550 a 4.000 kgs. de adamsita,
de 1.350 a 2.000 de cloropicrina, de 2.000 a 3.500 de Iperita y entre
1.600 y 2.600 kgs. de Fosgeno. La F-6, se instaló en Torelló,
Barcelona, pero se suspendieron los trabajos en Febrero de 1937.
Sánchez Mur
siguió dirigiendo el proyecto hasta que el 15 de Julio de 1938 fue detenido
bajo la acusación de sabotaje.
Si bien es
cierto que la detención de Sánchez Mur se enmarca en la
persecución que sufrieron los miembros del POUM por parte del
partido comunista y los agentes soviéticos, no es menos cierto que
tras 18 meses, la fábrica aún no había iniciado la producción en
serie.
El 20 de septiembre de ese año, la
instalación
fue incautada por el Ministerio de Defensa, pasando a depender de
la Subsecretaria de Armamento con la nueva denominación de F-64.

Finalmente, en
lo relativo al uso de gases, cabe decir que el SIM, nacional,
tenia un informe de una reunión celebrada a finales de 1936 entre Vladimir Antonov-Ovseenko
y representantes de diversos partidos en la que se discutió el uso
de gases como última solución ante una eventual derrota
republicana.
En este mismo sentido, el 30 de julio de 1937, Indalecio
Prieto se mostró contrario a su uso, como puede verse en este
informe dirigido al Consejo de Ministros:
"Primero. La producción de
gases en la España Gubernamental alcanzaría una cantidad de gas
de un máximo de tonelada y media, en un lapso de tiempo
excesivamente largo para las necesidades de la Guerra. De
emplear Gases, estos tendrían que importarse.
Segundo. Por datos
obtenidos de nuestros confidentes en Zona Fascista, las defensas
de que disponen los Nacionales son muy superiores a las nuestras
y en cuanto a la población civil, actualmente nuestra defensa es
nula en la totalidad de los pueblos de la España Gubernamental.
En cuanto a los efectivos de defensa de nuestro Ejercito en los
frentes, no son suficientes en ningún sector para hacer frente a
los gases empleados ni por nosotros mismos.
Tercero. La
respuesta Fascista seria inmediata, efectiva y de
características terribles, definitiva para el aniquilamiento de
nuestros frentes. Por lo tanto, me considero contrario en
absoluto al empleo de la Guerra Química."
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Cilleruelo de Bricia, un caso real
Se tienen muy
pocos casos documentados como el sufrido por la Sexta Bandera
de Falange, integrada en la 62 División nacional, en el sector
de Cilleruelo de Bricia, los días 30 de junio y
2, 4 y 8 de julio de 1937. En esa
ocasión recibieron unos doscientos proyectiles cargados con gases. Este hecho lo recogen
los partes de la 62 División y de la Jefatura de Artillería
nacional:
Parte de la 62 División del 11
de julio de 1937:
"De estos estudios
preliminares, pasaron los rojos al empleo efectivo de gases contra
nuestras tropas por primera vez en el sector Villarcayo-Bricias,
donde arrojaron unas 40 bombas artilleras con los consiguientes
efectos mortíferos contra nuestras tropas. Según las informaciones
recogidas, los gases empleados son de factura inglesa y producen
efectos asfixiantes y también lacrimógenos, produciendo graves
daños a la vista. Al hospital militar de Vitoria han sido
evacuados varios de los afectados, figurando entre ellos un
Teniente Coronel."
Parte de la Jefatura de
artillería de 20 de julio de 1937:
"Nos comunica la Jefatura del servicio en la 62
División, que el enemigo ha efectuado 35 o 40 disparos de cañón de
7, 5 y 12,40,al parecer desde Carrales e izquierda de Castro, se
cree casi seguro que contienen gases tóxicos."
El teniente
coronel Sagardia, que mandaba la media brigada de la 62 División
en la que se integraba la Sexta bandera de Falange, relata lo
sucedido en su libro Del alto Ebro al Llobregat, 32 meses con
la 62 División:
"Después
de terminada la operación, la artillería roja, que hasta entonces
había estado muda, comenzó a tirar. Nada se noto al principio,
pero a los pocos minutos algunos empezaron a sentir nauseas,
vómitos, y sofocaciones, dándonos cuenta que los proyectiles
rojos traían gases. Como no había caretas, dispuse que la gente
se esparciese lo mas lejos posible de donde caían los proyectiles.
Siguieron disparando, no estallando algunos de los proyectiles,
que fueron analizados[1].
Contenían Iperita y Fosgeno, siendo de fabricación inglesa.
Se evacuaron al hospital los heridos mas graves. La artillería
roja disparo 2 días mas con gases."
[1] Los proyectiles
fueron analizados en Toledo, determinándose que eran de 105mm y 500 mm
de longitud con espoleta, conteniendo una botella con su carga,
próxima al culote, de Iperita, fosgeno y cloro. Excedentes de la I
Guerra Mundial.
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