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Hundimiento
del Castillo de Olite |
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Algo se ha escrito y estudiado sobre el hundimiento
del Castillo Olite, lo conocemos en su proceso, formando parte de
aquellos confusos días que precipitaron el final de la Guerra
Civil, pero sin duda este episodio no ha merecido la importancia
real que la muerte de millares de hombres por culpa de un solo
cañonazo pueda tener, cierto que estamos en una guerra, y en ella
la muerte es casi lo cotidiano, pero aquí no es solo la muerte de
unos soldados en combate, es más, la forma tan innecesaria y
absurda de morir por nada y para nada.

Cuando iniciamos el camino de esta investigación no
imaginábamos la verdadera magnitud de la tragedia que supuso este
hundimiento, el más mortífero ocurrido jamás en nuestras costas,
el hundimiento del "Castillo Olite" tuvo consecuencias mas
personales que propiamente militares, escasas veces nos
encontraremos ante una realidad como esta, una serie de
despropósitos encadenados entre si conducirían a la mayor tragedia
marítima ocurrida en nuestra costas en todos los tiempos, errores,
desatinos y confusiones que llevaron a la muerte a todos estos
hombres que a bordo del Castillo Olite iban embarcados.
Culpables, claro que existen, victimas muchas, pero
lo que desprende de todo este incidente es un cúmulo de
desorganización, improvisación e incompetencia que misteriosamente
no aparece reflejado por ningún sitio como un error militar, ni
asumido por quien era su creador y responsable, el vencedor de
esta Guerra.
El hundimiento del "Castillo Olite" por las
baterías Republicanas frente a las costas de Cartagena, el 7 de
marzo de 1939, constituye uno de los episodios más oscuros y menos
conocidos ocurridos durante La Guerra Civil Española.
Nos encontramos en plena fase final de la guerra
(diciembre 1938- abril 1939), Franco ordeno a sus fuerzas la
invasión de Cataluña, la liquidación del sector centro-oriental
republicano era cuestión de días, solo la zona Centro-Sur quedaba
en manos de una República sin capacidad ni voluntad de defensa,
desmoralizada y sumergida en luchas internas.
Frente a la insuficiente resistencia ofrecida por
el gobierno y los comunistas-, un golpe de estado iniciado en
Madrid y la sublevación de la base naval de Cartagena marco el
destino final de la República, solo un hipotético y ultimo intento
de resistencia que alargara unos meses más la guerra, con la
esperanza de una internacionalización del conflicto en la más que
anunciada II Guerra Mundial podría frenar la definitiva
desaparición de la España Republicana.
Franco lo sabia y por eso no dudo un instante,
conocida la sublevación de Cartagena y la petición de ayuda de
estos sublevados, en organizar el envío inmediato de tropas a esta
ciudad en cuyo puerto todavía estaba atracada la flota
Republicana, la ultima baza que podía jugar La República,
si
Cartagena era tomada la Guerra estaría prácticamente liquidada.
Con este fin se preparo una operación de desembarco
sin precedentes hasta la fecha, la llamada "Expedición sobre
Cartagena" que no pasara a los anales de la estrategia militar
precisamente como un manual de desembarco, su dificultad era real
y fue algo arriesgado e improvisado, en ella intervinieron cerca
de treinta barcos entre mercantes y buques de guerra,
prácticamente la totalidad de la flota nacional del momento, pero
también un gran número de hombres embarcados que rondaban la cifra
de 20.000, y todo esto obligaba a estar preparado en menos de 48
horas, la misión tenia una gran complejidad y un gran peligro en
la que los barcos repletos de tropas deberían atravesar una zona
de más de 150 millas de costa enemiga, sin protección alguna, cada
barco por su cuenta y sin saber realmente que les esperaba en la
bocana del puerto de Cartagena.
Desde luego de haber terminado esta operación con
éxito estaríamos ante un hecho inédito en la Guerra Civil Española
que hubiera puesto un colofón exitoso al fin de la misma, la
guerra terminó pocos días después pero sin duda el fracaso de esta
expedición y su costo en vidas peso como una losa en aquellos que
tuvieron responsabilidades en el desarrollo de esta operación
fallida.
El criterio que de esta acción era sacrificar la
seguridad a la rapidez, el resultado no fue otro que una tragedia,
una más de la guerra, pero quizás esta fue la más innecesaria de
todas, Cartagena no pudo ser tomada, la sublevación no pudo
aguantar hasta la llegada de las tropas enviadas por Franco, la
brigada mixta 206 integrada por comunistas había reconquistado la
ciudad, y aunque no llegaron a tiempo de evitar la huida de la
flota hacia las costas Argelinas, si pudieron tomar algunas de la
baterías de costa sublevadas y evitar con ello el desembarco.
Los barcos regresarían a su puntos de partida pero
uno de ellos el "Castillo Olite" nunca regreso, fue hundido por el
impacto de un cañonazo de la batería de costa "La Parajola", su
cargamento, los hombres de la División nº 83 sufrirían la mayor
tragedia naval en número de victimas en toda la historia de
nuestro país, de. los112 hombres embarcados en el Olite 1.476
morirán , 342 serán heridos y 294 hechos prisioneros.
Solamente 25 días después terminaría la Guerra, los
vencedores no podían asumir un fracaso tan costoso, hombres que
habían combatido toda la guerra y casi en todos los frentes y que
en cualquier caso no merecían este final, para algo que no sirvió
de nada, por eso se guardo un significativo silencio de este
fiasco organizativo.
Llama poderosamente la atención que en un primer
momento, nadie quiera reconocer ni tan siquiera la posibilidad de
que al "Olite" pudiera haberlo hundido el disparo de alguna de las
baterías emplazadas en la costa Cartagenera, de todas las opciones
esta era sin duda para el mando Nacional, la peor, incluso
superaba la otras posibles; el hundimiento del barco por la
intervención de algún torpedo lanzado por submarino o avión
enemigo.
El grado de desorganización y falta de control que
rodeo a toda esta operación desde principio a fin tuvo fatales
consecuencias, no es solo que el mando nacional no considerara un
posible hundimiento del barco en las circunstancias en la que se
produjo, es que se tardo muchos días en reconocer lo que realmente
había sucedido, aunque la autentica verdad no se supo hasta la
misma entrada de las tropas nacionales en Cartagena, el Cuartel
General del Generalísimo dio a conocer oficialmente la perdida del
buque nada menos que a los 16 días de producirse el hundimiento,
el 23 de marzo de 1939.
Las causas que provocaron, primero el no poder
desembarcar en Cartagena y en segundo lugar el hundimiento del
"Olite" se tienen que establecer en la coincidencia de varios
hechos que determinaron esta tragedia; al fracaso de la
sublevación en Cartagena se deben unir la falta de una información
veraz de lo que pasa realmente en la base naval, la premura y la
rapidez en la que se tuvo que prepararse el embarque y la salida
de los barcos que integraban la "Expedición sobre Cartagena",
unido a la disparidad de criterios en el mando Nacional, a la hora
de la organización de esta operación, en donde no se sabia bien
quien daba las ordenes, e incluso muchas de estas fueron
contradictoras o confusas entre el propio Generalísimo, el
vicealmirante Jefe de la fuerza de Bloqueo del Mediterráneo y el
Almirante Jefe del Estado Mayor de la Armada, provoco al final que
la orden de operaciones, fuera extremadamente confusa, breve y
carente de toda precisión.
Otro factor determinante fue la carencia total de
elementos y medios apropiados para la realización de un
desembarco, hasta tres posibilidades se estuvieron planteando en
la ejecución de dicha operación, en poco menos de 12 horas, tantos
cambios de planes explican por si solo las dudas, las
incoherencias y la falta de previsión de los mandos.
A esta suma debemos incluir la carencia de un
sistema de comunicación entre los barcos y sus mandos lo que
provoco una descoordinación y falta de información que en el caso
del "Olite" tuvo consecuencias nefastas, pero unido a todas estas
consideraciones también estuvieron los errores humanos de aquellos
que dirigían, en concreto las actuaciones personales del alférez
de navío que mandaba el "Olite" y sobre todo del mando supremo del
General Franco.
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Sublevación en Cartagena (4, 5 y
6 de marzo de 1939)
Para entender y comprender las circunstancias que
rodearon el hundimiento del Castillo Olite, debemos conocer los
hechos que provocaron la Expedición sobre Cartagena y las
circunstancias por las que el barco llegó hasta su trágico
destino.

Es esencial saber lo que ocurrió en la Base Naval
de Cartagena aquellos días, como y por qué se fraguó la
sublevación y de que forma fue reprimida. Quiénes fueron los
instigadores y que motivos tuvieron estos para levantarse en armas
contra el débil y caótico gobierno de la Republica.
Aunque no es objeto de la presente comunicación
desentrañar toda la trama, que ya ha sido objeto de estudio y
publicación por parte de otros autores, sí debemos analizar lo
ocurrido en Cartagena los días que precedieron a la llegada del
Olite para entender y explicar la presencia del buque en la mañana
del 7 de marzo de 1939 frente a Cartagena.
Fueron tres días trepidantes vividos intensamente
en Cartagena, de una parte los hechos venían causados por el
desarrollo de los acontecimientos que en el ámbito nacional están
ocurriendo y por otro a la lucha que se produce en la ciudad que
pasamos a exponer.
Durante toda la jornada del 4 de marzo, en la plaza
de Cartagena, la mayoría de los jefes militares que habían
permanecido fieles al gobierno Republicano durante el conflicto,
se declaran opuestos a él.
Su oposición al gobierno presidido por Negrín se
manifiesta con la toma del control de la mayoría de las unidades e
instalaciones militares de la ciudad. Los mandos de estas fuerzas
encabezadas por el Jefe del Estado Mayor de la Base, Fernando
Oliva, de los jefes del Regimiento de Artillería de Costa N.º 3;
Gerardo Armentia y Arturo Espa, del Jefe del Arsenal, Norberto
Morell y de Vicente Ramírez, jefe del Estado Mayor Mixto en unión
de otros militares que se encontraban en la Base aun sin ocupar
mando alguno, caso del General Barrionuevo, quien tomaría la
jefatura de la sublevación a favor de Franco, dan un carácter
serio y con posibilidades de triunfo a este movimiento.
Contribuye a esta rebelión un importante sector
civil pro franquista, una quinta columna que existió siempre en
Cartagena, que desde meses atrás conspiraba socavando el espíritu
de resistencia y argumentando la necesidad de una pronta y rápida
finalización de la guerra que, decían, estaba perdida para el
bando Republicano.
Para determinar aun más este episodio ocurrido en
Cartagena, debemos conocer también la actitud de la casi intacta
flota republicana fondeada en el puerto, al mando del almirante
Miguel Buiza. Éste hacía tiempo que pensaba no intervenir más en
una guerra que consideraba perdida, manteniendo a la Flota al
margen y esperando el desarrollo de los acontecimientos, con una
especial atención a los movimientos casadistas y anti-gubernamentales.
El gobierno legítimo de la Republica, en manos del
socialista Negrín, conoce perfectamente, por sus informadores, el
clima de insurrección que existe en la base naval de Cartagena,
por ello y dada la importancia que para la Republica tienen
Cartagena y la Flota, decide el nombramiento de un nuevo Jefe de
la Base en sustitución del débil general Bernal, que aunque no era
partidario de la sublevación tampoco era capaz de evitar que otros
lo hicieran, el nombramiento recayó en Francisco Galán, comunista
y hombre de toda confianza de Negrín.
Este nombramiento provocó el adelanto de la
sublevación prevista. Para muchos fue considerado un "golpe de
estado comunista" y la mayoría de los jefes militares republicanos
no estaban dispuesto a aceptarlo.
El resultado sería la detención del propio Galán a
su llegada a Cartagena, pero la consigna dada por Negrín era la
negociación y a pesar de su delicada situación pudo negociar
aceptando su propia dimisión para evitar más derramamiento de
sangre.
Pronto se comprobó que la sublevación no era
solamente "pacifista" y simpatizante de las tesis casadista, sino
que al mismo tiempo estaba en marcha otra sublevación nacionalista
y franquista en toda regla.
El día 5 se produce la salida de la Flota, llevando
a bordo a Galán, de esta manera el campo quedó libre para los
insurrectos. Barrionuevo no duda en pedir la ayuda de Franco para
consolidar la posición.
El nuevo jefe de la Base, Galán, se había marchado
con la Flota en una decisión muy cuestionable, que bordeaba la
traición. Entonces se produce una situación delicadísima. Las
fuerzas que el Gobierno envió para apoyar su nombramiento, la
Brigada Mixta 206, una unidad de elite del ejército republicano,
continuaba a las afueras de la ciudad. Al mismo tiempo ante la
desesperada petición de ayuda que se le hacía desde la ciudad
Franco decidió una gran operación de desembarco confiando en que
las poderosas baterías de costa estaban en manos de los sublevados
y que el paso hasta el puerto de los buques era seguro. La entrada
en Cartagena de la Brigada 206, tras la rocambolesca aventura de
su jefe, el mayor de milicias Artemio Precioso, cambió la
situación y las posiciones que mantenían los sublevados en su
poder fueron cayendo en sus manos, al igual que sucedería con las
baterías de costa. Al tiempo que la operación de desembarco
nacionalista sobre Cartagena se ponía en marcha, el Gobierno
republicano tomaba de nuevo el control de la ciudad y la Base.
Acababan de esta trágica manera aquellos tres días
en los que Cartagena pasó de estar en poder de un bando a estarlo
del otro, cuando ya nada podía modificar el curso de la guerra.
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El barco: la incautación por parte de la Marina
Nacional en 1938.
El Castillo Olite fue uno más de los barcos
mercantes capturados durante la guerra civil española, engrosó las
listas de capturas declaradas "buena presa" que ambos bandos
utilizaron a lo largo de toda la guerra. En este caso la captura
correspondió al bando nacional, el objetivo que se pretendía era
asfixiar el tráfico enemigo, este acoso tuvo lugar desde los
primeros días del conflicto. Las capturas de buques mercantes no
sólo se reducían a los buques españoles sino que abarcaron también
a los extranjeros que por la circunstancia de su captura
(cargamento, destino, situación, etc.) eran declarados "buena
presa".
La Marina Mercante tuvo un papel muy significativo
durante la Guerra Civil, ambos bandos dependían para su esfuerzo
bélico de los suministros que llegaban por mar.
De los barcos incautados por el bando nacional
durante la guerra destacan sobre manera las capturas realizadas a
la Sovtorgflot, la marina mercante soviética. Durante todo el
conflicto hubo un gran esfuerzo naval soviético en ayuda al
gobierno republicano. Sus buques surcaron repetidamente el
trayecto desde Mar Negro a los puertos mediterráneos en poder de
la República, sobre todo Cartagena y Valencia.
Entre las muchas capturas de barcos soviéticos, el
31 de mayo de 1938, se produce el apresamiento en aguas del
Estrecho del mercante soviético Postishev, en sus bodegas llevaba
un completo cargamento de carbón, tras la captura sería
rebautizado como Castillo Olite.
El mismo barco ya había sido meses antes detenido
por las Fuerzas Navales del Mediterráneo cuando se dirigía a
puertos republicanos con un cargamento de asfalto, fue liberado
posteriormente.
La captura la efectuó el crucero auxiliar Vicente
Puchol. Este era un buque de la Trasmediterránea, reconvertido a
uso militar e incorporado a la marina de Guerra por orden de 1º de
noviembre de 1936. Tuvo una destacada actuación llevando a cabo
importantes viajes de transporte de tropas a la Península cruzando
el Estrecho desde África. Se le dotó con minas y quedó armado con
un cañón de 120 mm Vickers, uno de 57 mm Nordenfeldt y un
telémetro. Operó con bastante éxito, y logró, dentro de su
modestia, una hoja de servicios brillantísima que no desmerece a
cualquier otra unidad militar mejor dotada para estos servicios.
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El Castillo Olite fue construido en el año 1.921 en
los astilleros de Rotterdam Droog (Holanda). En este puerto, el
más grande del mundo, la construcción de este tipo de barcos se
realizaba masiva y rápidamente. Se construían en serie
respondiendo todos a un mismo modelo.
Presenta una línea clásica de barco holandés muy
típica en los años veinte, silueta estilizada, arboladura recta y
muy bien pertrechado.
Presentaba la siguiente ficha técnica:
|
Toneladas de arqueo bruto |
3.545 |
|
Toneladas de
carga |
5.500 |
|
Eslora |
110 metros |
|
Manga |
15 metros |
|
Puntal |
6 metros |
|
Bodegas |
5, contando al adicional
entre el puente y el guardacalor |
|
Otras características |
Presenta los
callejones cerrados y pozos en las bodegas 1 y 5. |
Las distintas
denominaciones de este barco fueron las siguientes:
Zanndijk: (1921-1929) fue su primer nombre, lo adquirió una
importante naviera holandesa la "Solleveld Van der Meer & T.H. Van
Hattum", que lo destinó al transporte de mercancías en su línea
con Java y Sumatra.
Akedemik Paulo: (1929-1932) a finales de los años veinte
fue vendido a otra compañía holandesa que le puso este nombre,
aunque desconocemos mas datos de este periodo.
Zwaterwater: (1932-1936) bajo esta nueva denominación
perteneció desde su compra en 1932 a otra importante naviera
holandesa "Nederlandsch Lloyd" hasta su venta a la Unión
Soviética.
Postishev: (1936-1938) bajo pabellón soviético y
rematriculado en Odessa, el nuevo nombre correspondía a Pavel
POSTISHEV (1888-1938); político ucraniano miembro del secretariado
del Partido Comunista, formó parte del gran número de naves que la
Unión Soviética adquirió por aquellas fechas en su primer plan de
reordenación económica lo que le permitió la compra de centenares
de barcos a otros países.
Castillo Olite:
(1938-1939) en su última época el buque enarboló la bandera
bicolor española. En el momento del hundimiento habían pasado 18
años desde su botadura, para un barco de estas características no
es mucho tiempo y a pesar de haber tenido una vida bastante
ajetreada se encontraba todavía en muy buenas condiciones y si se
compara con algunos de los restantes buques capturados, estaba en
mejor estado que la mayoría.
Quizá esta afirmación rompa con las tesis de otros
investigadores que han sostenido la idea de que, cuando el Olite
desaparece trágicamente en Cartagena, se trataba de un buque viejo
y destartalado, como si se quisiera justificar con ello su
candidatura a un siniestro final, pero nada más lejos de la
realidad; analizando las características del barco y obviando
otras consideraciones, afirmamos que la propia condición del barco
nada tuvo que ver con su final destino.
Su vida bajo bandera española (nacional), una vez
declarado buena presa y bajo la Gerencia de buques, como
transporte de guerra con el nombre de Castillo Olite tendrá una
corta pero intensa actividad.
Tomaría el mando de este barco el capitán de la
Marina Mercante D. Bernardo Monasterio Mendezona, fue el único
capitán que tuvo el Olite desde la incautación hasta su
hundimiento. El capitán Monasterio uniría su trágico final al de
su nave desapareciendo ambos el 7 de marzo de 1939.
Mientras estuvo operativo realizo diversas
misiones. En el año 1938, pocos meses después de ser capturado,
viajó de Cádiz a Palma. A primeros de noviembre; de Palma a
Castellón; de Castellón a Palma y de Palma a Cádiz, regresando a
Palma con material de guerra.
El 16 de febrero de 1939 se desplazó a Palamós para
tomar a bordo parte de la 12.º División que desembarcó en
Tarragona el día 18, continuando a Palma de Mallorca con tropas de
Infantería de Marina. El día 21 de febrero salió con material y
personal rumbo a Castellón de la Plana, donde se preparaba para
una operación de desembarco sobre Valencia.
El 6 de marzo de 1939 estaba el Olite atracado en
el Grao de Castellón descargando un cargamento constituido por
unos cuantos kilos de chocolate y fardos de tablillas de madera
para la construcción de cajas que servían para el embalaje de
naranjas.
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La batería de costa de "La Parajola"
La batería de "La Parajola" está situada en las
inmediaciones de la Algameca Grande, al suroeste de la ensenada de
Cartagena y a una distancia de 4 kilómetros en línea recta de la
ciudad. Tiene una cota media de 164,46 m. y se encuentra ubicada a
media ladera de la loma de su mismo nombre.
Actualmente se encuentra desartillada y fuera de
servicio por aplicación del Plan Norte, año 1.994, que ordenaba la
disolución del GACTA III/73, en el que estaban integradas todas
las baterías de costa que defendían Cartagena. Es propiedad del
Ministerio de Defensa.
El cerro donde se sitúa es rocoso consecuencia de
su contexto geológico, ocupa el extremo oriental del eje que forma
la cordillera Bética y que desaparece en el Mediterráneo por Cabo
de Palos. Desde su posición se domina la entrada al puerto de
Cartagena y también la isla de Escombreras, en cuyas inmediaciones
fue hundido el Olite.
Durante la Guerra Civil había una ausencia casi
total de árboles sobre este cerro, en la actualidad una
repoblación con pinos le da cierta cobertura arbórea.
Formaba parte del cinturón defensivo de Cartagena;
con baterías cuya construcción comenzó en 1926, proyectadas y
montadas de acuerdo al Plan de Primo de Rivera de 1926 para
defensa marítima de las Bases Navales de Cartagena, Ferrol y
Mahon. Fueron artilladas con el mejor material que entonces
existía, esta amplia reforma fue continuada por los gobiernos de
la República. Las baterías se artillaron con piezas Vickers de
38.1 y 15.2./50 cm, protegidas por baterías antiaéreas de 10.5 cm.
Los cañones más grandes (38,1 cm) tenían un alcance de 35.000
metros y los de (15,2) 21.000 metros, una de estas piezas sería la
responsable del hundimiento. Estaban protegidas por cañones
antiaéreos de 10.5 cuyo alcance era de 7.000 metros. El sistema se
desplegó, a lo largo de toda la costa cartagenera desde cabo
Tiñoso a cabo Negrete, constituyendo un escudo defensivo para
Cartagena y su Base Naval a una distancia de 35 Km.
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La batería de La Parajola disponía de cuatro
cañones de costa Vickers de 15,24/50 cm (seis pulgadas) modelo
1923 colocados a barbeta con un sistema de dirección de tiro
compuesto por un alza directora Vickers y telémetro Barr-Stround
de coincidencia con base horizontal de 4,57 m. adosado. La
longitud de su magistral es de 120 m. en un orden de fuego en
línea recta y una avanzada a las otras manteniendo una distancia
entre ejes de pieza constante, igual a 40 m.
La colocación de sus cuatro piezas en distintos
niveles favorecía la adaptación al terreno y su camuflaje. Los
emplazamientos en la ladera del cerro eran los siguientes:
1ª pieza: 158,98 m de cota
2ª pieza: 163,22 m de cota
3ª pieza: 164,96 m de cota
4ª pieza: 170,68 m de cota
En 1.936 fue desartillada la cuarta pieza y enviada
a Almería. Las restantes tres piezas permanecían plenamente
operativas a principios de marzo de 1.939.
Estos cañones podían tirar en un sector marítimo de
123º, correspondientes al sector existente entre el cabo Tiñoso y
cabo del Agua. Podían disparar con 10º de depresión y 35º de
elevación, y tenían un sector muerto de 2.000 metros.
También podían desarrollar acción de tiro sobre un
frente terrestre aproximado de 23 km. En concreto La Parajola
podía dominar con su tiro un extenso territorio; casi toda la
ciudad de Cartagena, incluyendo las carreteras de acceso a la
misma desde Murcia, Canteras y La Unión.
Como el resto de las baterías que defendían
Cartagena, presenta una arquitectura en todas sus instalaciones de
estilo "historicista" llena de recursos modernistas buscando
motivos decorativos inspirados en momentos históricos y culturas
pasadas muy en la línea de la época de su construcción a
principios de siglo XX.
Su arquitectura, sin duda, constituye en la
actualidad uno de sus atractivos más interesantes, aunque ya no
tienen utilidad militar el propio estilo de construcción de estas
baterías son un referente hoy día a la espera de su explotación
turística.
En el caso de "La Parajola" la inspiración de sus
edificaciones la encontramos en la mitología egipcia, tanto en las
fachadas de los repuestos y municionamiento de las piezas como en
la entrada con sus columnas, coronadas todas ellas por emblemas
similares al "Disco solar alado" o quizás "Ojo de Horus con alas
desplegadas". El disco solar, asociado a Horus de Behdet (Edfu),
simbolizando el sol, frecuentes motivos repetidos en esta batería
en techos, cornisas y estelas.
En el acceso se encuentran dos enormes columnas
cuadrangulares truncadas a modo de pilonos a los que se les
colocan dos esfinges como si fueran los centinelas de la puerta
muy del estilo egipcio y que hacen alusión a los templos de Karnak
o Luxor.
En las demás edificaciones, todas ellas realizadas
en piedra, se pretende crear un ambiente de templo con constantes
alusiones en sus elementos decorativos a la iconografía del
antiguo Egipto.
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La dotación de esta batería durante la guerra civil
estaba formada por 3 oficiales (un capitán y dos tenientes), 6
sargentos, 10 cabos, 1 corneta y 95 artilleros todos
pertenecientes al Regimiento de Artillería de Costa núm. 3.
El Regimiento era en aquellos días el heredero de
toda una amplia tradición artillera muy ligada a la ciudad y a la
defensa del puerto de Cartagena, pero sobre todo era una unidad
preparada y profesionalizada dado el material con que contaba y el
alto grado de especialización que exigía su funcionamiento.
El Regimiento tuvo numerosas intervenciones durante
la Guerra Civil sobre todo en la lucha antiaérea. Cartagena fue
una de las ciudades más bombardeadas durante el conflicto,
soportando más de un centenar de bombardeos durante los años que
duró la guerra.
Otros hechos en donde se intervino, fueron las
acciones sobre barcos nacionales como el crucero Canarias y sobre
algún submarino que en más de una ocasión se acercaron
peligrosamente a la costa, pero sin duda el hecho más
significativo en la historia de las baterías fue el disparo de la
Parajola sobre el Olite.
Durante los sucesos acaecidos en Cartagena los días
4, 5, 6 y 7 de marzo de 1.939, en donde una sublevación había
conseguido poner a todas las baterías de costa a favor del bando
nacional, y con la salida de la flota republicana, las condiciones
para un desembarco en Cartagena fueron factibles: Contando con que
las baterías permanecieran en poder de los sublevados, el
desembarco se podría efectuar sin problemas. Así debió de ser,
pero el 6 de marzo de 1.939 la situación de la ciudad cambia, los
sublevados que habían dominado los puntos estratégicos, incluidas
las baterías, no resistieron la llegada de la Brigada 206, que en
poco tiempo reconquista la ciudad, restableciendo la autoridad del
entonces débil gobierno Republicano. Aun cuando las baterías del
frente izquierdo seguirían en poder de los sublevados hasta el día
siguiente. La Parajola, la más cercana a la ciudad, es ocupada por
estas fuerzas en una operación realizada por comandos de la
Brigada que se hacen con el control de la misma sin apenas
resistencia por parte de los artilleros, que ante la falta incluso
de armas ligeras se entregan sin oposición.
Una vez conocida la toma de la Parajola algunas
baterías del frente izquierdo inician contra ella un bombardeo
continuado, sobre todo la batería de Aguilones con la intención de
destruirla y evitar que pudiera intervenir a la llegada del convoy
nacional a Cartagena en auxilio de los sublevados.
Durante todo el día y la noche del 6 de marzo se
mantiene un intensísimo duelo artillero, que obliga a refugiarse a
la dotación de la Parajola en las cuevas cercanas. Al cesar el
fuego, en la madrugada del día 7 dos de las tres piezas con que
contaba la batería estaban inutilizadas, aunque la N.º 1, aun sin
dirección de tiro, seguía plenamente operativa, las restantes
presentaban los siguientes daños:
Pieza n.º 2, Destruidos los parapetos y los
ascensores de proyectiles. Inutilizable.
Pieza n.º 3, Destruidos los parapetos desmontados los ascensores.
Inutilizable.
Pieza n.º 4, Destruidos los parapetos de la explanada, destruidos
los ascensores de proyectiles. No artillada.
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Al mando de la batería se encontraba, el día 7 de
marzo, el capitán Antonio Martínez Pallarés.
Militar profesional, al empezar la guerra ocupaba
el empleo de sargento, debido a la escasez de mandos en el
ejército republicano había alcanzado el empleo de oficial después
de realizar un breve curso.
El capitán Antonio Martínez Pallarés, sin quererlo,
se convirtió en protagonista fundamental de los hechos, él fue
quien, muy a pesar suyo, dio la orden de abrir fuego contra el
Castillo Olite. Por ello sería fusilado al terminar la guerra,
pero su negativa tampoco le hubiera servido para salvar la vida,
pues el capitán Guirao jefe de las fuerzas de la 206 no le dio
otra opción que disparar o morir, se puede decir que estaba en el
lugar menos apropiado y en el momento mas inoportuno.
Durante los sucesos acaecidos en Cartagena en marzo
del 39, Martínez Pallarés mantendrá una posición ambigua,
esperando el desarrollo de los acontecimientos, su actitud no fue
distinta a la del resto de sus compañeros de armas, obedeció las
órdenes de sus jefes Armentia y Espa y se sublevó, comunicando a
sus hombres que: "la guerra estaba a punto de terminar y era
inminente la llegada de tropas nacionales por mar, ordenando no
intervenir bajo ningún concepto y respetando la integridad de los
barcos que fueran entrando al puerto de Cartagena".
Martínez Pallarés comunica a sus hombres que el
pueblo de Cartagena se había levantado para pedir la paz y que
estos eran secundados por las fuerzas del ejército, pidiendo el
apoyo de todos y ordenando que se izara la bandera nacional en la
batería.
Aquel era el plan previsto, pero la misma tarde la
batería fue tomada por la 206 Brigada en un rápido golpe de mano
que sorprendió a los artilleros que al no poder defender esta
posición, ya que carecían de armas adecuadas, se pusieron a las
órdenes de dicha Brigada Republicana.
Son momentos de una intensa confusión, al amanecer
del 7 de marzo, los barcos cargados con las tropas nacionales
permanecen a la espera a varias millas de Cartagena y fuera del
alcance de tiro de las baterías de costa esperando órdenes, en
Cartagena la bandera republicana vuelve a izarse y la sublevación
esta prácticamente sofocada, en estas condiciones ya no es posible
el desembarco. Sobre las 9:00 horas en el horizonte aparece un
barco. Enarbola bandera nacional y ajeno
a todo lo que sucede a su alrededor mantiene su rumbo en dirección
a la bocana del puerto, llegado a la altura de la isla de
Escombreras y muy cerca ya de Cartagena entra en el campo de tiro
de las baterías de costa, pasa cerca de ellas y la mayoría de
estas que todavía se mantienen en poder de los sublevados dejan
pasar libremente al barco, pero en la Parajola las cosas son
distintas.
Se ordena preparar y cargar la única pieza
disponible, Martínez Pallarés no quiere dar las órdenes para
efectuar el disparo, pero el capitán Guirao que manda las tropas
de la 206, le insta para que dispare sobre el barco que cada vez
esta más cerca de entrar en el puerto, discuten airadamente e
incluso este último desenfundando su pistola y poniéndola sobre la
cabeza de Martínez Pallarés le obliga a dar las órdenes
pertinentes. Todo está preparado, no es un tiro difícil, la
cercanía del barco lo hace un blanco fácil, desde los distintos
heliógrafos se advierte al barco que no continúe su rumbo que van
a disparar, pero éste ajeno a todo continua su marcha.
Subir
Martínez Pallarés finalmente ordena
el disparo.
Un primer proyectil pasa por encima del barco
cayendo sobre el agua a pocos metros, corrigiendo el tiro el
propio apuntador de la pieza efectúa un segundo disparo que da de
lleno en el barco, en este se producen luego otras explosiones, la
inercia le hace continuar unos metros y empieza a hundirse
rápidamente. Desde la Parajola se contempla la tragedia, todos son
conscientes de lo que está ocurriendo, el barco se hunde y con él
arrastra a cientos de cadáveres, algo inútil que no influirá para
nada en el desarrollo de los acontecimientos finales de la guerra.
Subir
Los embarcados
Cuando en la mañana del día 7 de marzo el Castillo
Olite enfiló la dársena del puerto de Cartagena, pocos de sus
tripulantes podían imaginar lo que el destino les depararía pocos
minutos después. Ajenos a la tragedia que se avecinaba se sentían
alegres e impacientes por desembarcar, la mayor parte de las
tropas a bordo de este barco estaba formada por oficiales y tropa
muy veteranos y que habían pasado por innumerables peligros pero
hasta este momento conservaban lo más preciado su vida.
Una de las dudas surgidas por los servidores de la
batería antes del disparo era el reconocimiento de quiénes eran
los que a bordo de ese buque venían hacia Cartagena, incluso se
llegó a decir que se trataba de tropas no constituidas por
españoles si no que eran italianos o tropas moras, en realidad se
trataba en su inmensa mayoría de soldados gallegos.
En Castellón eran las 12 horas del día 5 de marzo
de 1939, la División n.º 83 al mando del general Pablo Martín
Alonso se encontraba descansando, incluso para ese mismo día se
había anunciado la celebración de una corrida de toros a las cinco
de la tarde que sirviera de entretenimiento para las tropas, la
división estaba asentada en el extremo izquierdo del frente de
Levante, desde el mar, acantonada en los pueblos de retaguardia
(Villarreal, Belchi, Almanzora, Villavieja, y Burriana) en espera
y dispuesta a un hipotético desembarco sobre Valencia.
Esta División pertenecía al Cuerpo de Ejército de
Galicia, formado a su vez por cuatro divisiones mandadas por el
general Antonio Aranda y adscrito al Ejército de Levante que
durante la guerra civil intervino en diversas operaciones y muy
especialmente en la campaña de Aragón.
El Ejército de Levante era una agrupación militar
al mando del General Orgaz y compuesta por los cuerpos de Ejército
de Galicia, Castilla, Aragón, Urgel y las agrupaciones de
divisiones de Albarracín y Guadalajara que operaron en la zona
este de España con el propósito, no logrado, de conquistar la
provincia de Valencia y su costa para lo cual desencadenaron una
ofensiva a principios de julio de 1938, abortada a causa del cruce
del Ebro por los hombres de Tagüeña..
Aquella misma tarde, por sorpresa, la División n.º
83 recibe la orden del Cuartel del Ejército de Levante disponiendo
que debía dirigirse con toda urgencia hacia el puerto del Grao en
Castellón.
La orden indicaba que la misión de la División era
que fueran embarcando las unidades y que se diera cuenta cuando lo
efectuara el último elemento, para lo cual se ponían a su
disposición los barcos facilitados por el Comandante de Marina de
Castellón, la flotilla de minadores constituida por el Marte,
Júpiter y Vulcano, además de otros barcos por designar.
En cumplimiento de dicha orden, se dispuso que las
unidades se prepararan para embarcar rápidamente, llevando
dotación completa de municiones y 2 días de rancho frío y
caliente;
Realmente es difícil poder establecer el número
exacto de hombres embarcados en cada barco, la desorganización
debió ser la tónica general en la preparación de este operativo,
teniendo en cuenta que lo prioritario era la rapidez sobre
cualquier otro argumento incluida la seguridad de los que
embarcaban.
El embarque comenzó en la tarde del día 5 de un
modo rápido y normal, las tropas embarcaban a medida que iban
atracando los barcos, era tanta la premura que se recibió la orden
urgentísima de salir tan pronto estuvieran dispuestos los barcos,
sin esperar al embarque total de la División. A las 00:00 horas
del día 6 partió el primer barco del puerto del Grao de Castellón
hacia Cartagena, las fuerzas de distribuyeron en los distintos
barcos. El Castillo Olite tuvo que esperar a que se vaciara parte
de la carga de sus bodegas, consistente en fardos de tablillas de
madera para hacer cajas para naranjas, esta operación terminó
sobre las 10:00 horas del día 6 de marzo, comenzando enseguida el
embarque de las tropas asignadas.
A continuación estableceremos una ficha de las
unidades y tropas embarcadas aquella tarde en el Olite:
|
Grupo |
Personas |
|
II y III Batallones de Infantería del
Regimiento Zamora n.º 29, al mando de los Comandantes Víctor
Martínez Morales y Fernando López Canti. |
994 |
|
Grupo de Artillería 100/7 con un total de 12
piezas ligeras mandadas por el Comandante Juan Judel y Peón,
distribuidas en tres Baterías dirigidas por los capitanes,
José Virgili Quintanilla, Luis Moyano Prieto y Pelayo Pelayo
Navarro |
225 |
|
Un Cuerpo jurídico al mando del Coronel
Antonio Martín de la Escalera. |
143 |
|
La Plana Mayor del 11 Regimiento de la
División n1 83, al mando del Teniente Coronel de Infantería
José Hernández Artega. |
283 |
|
Una sección de transmisiones |
169 |
|
Tripulación del "Castillo de Olite" |
39 |
|
Falange Naval |
44 |
|
Otros oficiales y personal militar |
56 |
|
Otras personas sin especificar |
159 |
|
Total personal embarcado en el "Castillo de Olite" |
2.112 |
Gran parte de ellos murieron, un total de 1.476,
sólo el resto 636 se salvaron pero ya nunca olvidarían aquellos
terribles momentos.
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La expedición sobre Cartagena
Oficialmente la llamada "Expedición sobre
Cartagena" desde el bando nacional duró ocho días desde su
preparación hasta su último desenlace. Fueron unos días confusos
que van desde el 5 al 12 de marzo de 1939, en ellos se intentó por
parte del bando nacional un desembarco en Cartagena, a la vista de
los resultados constituyó un estrepitoso fracaso. Una operación
mal preparada desde el punto de vista militar y concebida con
graves errores logísticos y estratégicos, arriesgando
innecesariamente barcos y tropas que sólo se podría justificar por
la ceguera de un cercano triunfo final sobre el bando republicano
que ya estaba tocando a su fin, pero que en ningún caso lo
justifica. Desde la vertiente política un fracaso difícilmente
asumible por el régimen del general Franco, difícil de explicar y
fácil de ocultar y silenciar. En lo personal una autentica
tragedia para los que protagonizaron este episodio y en particular
para el propio Franco, al que sin duda molestaría el resto de su
vida el simple recuerdo de esta fracasada operación en la que él
personalmente asumió la dirección desde el principio.
Siguiendo la cronología de los acontecimientos nos
encontramos que el día 5 de marzo del 39 en el Cuartel General de
Franco se tienen noticias de lo que esta ocurriendo en la Base
Naval de Cartagena, y como respuesta a las reiteradas peticiones
de intervención por parte de aquellos que se habían sublevados en
dicha plaza, Franco toma la decisión de ordenar un desembarco de
tropas sobre Cartagena, en compañía de algunos oficiales de su
Estado Mayor y en especial del Almirante Cervera se disponen a
preparar todo el dispositivo necesario para realizar tal
operación.
A las 12:00 horas de ese mismo día 5 se cursa la
orden al Cuerpo de Ejército de Levante, disponiendo que la
División n.º 83 embarcara, con destino a Cartagena, para lo cual
se ponía a disposición de la misma una serie de barcos facilitados
por el Comandante de Marina de Castellón, en la que se incluían la
flotilla de Minadores formada por el Marte, Júpiter y el Vulcano,
señalándose que todos ellos estarían preparados sobre las 21:00
horas en el puerto del Grau de Castellón y dispuestos una vez
embarcadas las tropas dirigirse hacia Cartagena.
Con posterioridad se recibió otra orden en la que
se especificaba que una expedición al mando del coronel Jefe de la
Infantería Divisionaria, constituida por tres Unidades de
Infantería, 4 piezas (antitanques, una compañía de Zapadores con
material ligero de desembarco y una Compañía de sanidad, embarcara
en los trasportes Lázaro y Sister para dirigirse al cabo de Palos
sin esperar a que se concentrara toda la División, puesto que era
prioritario y esencial el reforzamiento de las fuerzas que se
encontraban sublevadas en Cartagena. Esto explicaría porqué estos
dos barcos junto al minador Marte zarparon casi con cuatro horas
de adelanto sobre los demás, lo que ya no está tan claro es porqué
no lograron su objetivo.
Llegado este momento empiezan las primeras
discrepancias entre los mandos nacionales. El mando del operativo
de esta expedición, en principio, debería corresponder al
vicealmirante Moreno, jefe de las fuerzas de bloqueo en el
Mediterráneo, él debería ser el más directo conocedor de la
situación pues desde el primer momento se encontraba a bordo del
Mar Cantábrico, muy cerca de la misma bocana del puerto de
Cartagena.
La confusión será la nota dominante en esta
jornada, la llamada expedición sobre Cartagena se ha iniciado
sobre bases no muy bien fundamentadas, la situación en la ciudad
es extremadamente confusa, el movimiento sublevador no controla la
totalidad de las dependencias militares, además existen varios
movimientos sublevados contra el gobierno de la Republica pero no
todos tienen la misma orientación como ya hemos visto
anteriormente.
Durante toda la jornada del 6 de marzo y en
cumplimiento de las órdenes de alistamiento recibidas del Cuartel
General de Franco se comienza el embarque de las distintas fuerzas
en los puertos de Castellón y Málaga.
Es destacable la gran envergadura de la "Expedición
sobre Cartagena", con cerca de treinta barcos entre mercantes y
buques de guerra, prácticamente la totalidad de la flota nacional
del momento, pero también el gran número de hombres embarcados en
los barcos que rondaban la cifra de 20.000, todo el operativo
debía estar preparado en menos de 48 horas. De haber terminado
esta operación con éxito estaríamos ante un hecho inédito en la
Guerra Civil Española que hubiera puesto un colofón exitoso al fin
de la misma, la guerra terminaría pocos días después pero sin duda
el fracaso de esta expedición y su costo en vidas pesó como una
losa en aquellos que tuvieron responsabilidades en el desarrollo
de esta fallida operación.
En la propia confusión del momento hay que destacar
las continuas contradicciones en las que los sublevados en
Cartagena parecen informar a Franco con sus numerosos mensajes, su
insistencia de que dominan toda la Base y al mismo tiempo su
solicitud de apoyo aéreo para controlar focos todavía en poder
republicano, esto tendría su explicación en la amenaza siempre
presente en estos días del regreso de la Flota republicana a
Cartagena, aunque no fuera cierto Barrionuevo continuamente lanza
por radio que la Base y sus defensas se encuentran bajo sus
control.
Las cosas se van complicando conforme transcurren
las horas, los barcos con las divisiones todavía no han llegado y
los sublevados apenas pueden mantener su dominio sobre los puntos
clave y sobre todo parece que algunas de las baterías de costa no
están ya en sus manos.
Quizás, debido a estas razones, y por el fracaso de
Moreno en el intento de entrar en el puerto, Franco asume desde
este mismo momento el mando directo de la operación.
Termina este día y la confusión es absoluta, los
barcos están llegando uno tras otro y no se sabe que hacer, además
se corre el peligro de la vuelta de la Flota republicana que
podría convertir esta expedición en una tragedia sin precedentes.
Mientras tanto la situación en la ciudad se
complica aun mucho más, el control por parte de la 206 Brigada
Mixta parece que se va completando, los puntos que todavía dominan
los sublevados parecen destinados a caer en manos de la Brigada
uno tras otro.
Y llegamos al día 7, triste día sin duda, en esa
mañana la tragedia que se cierne sobre uno de los barcos que
forman la expedición sobre Cartagena se va hacer realidad.
Incomprensiblemente se ha perdido mucho tiempo y
las nuevas órdenes de Franco no tienen en cuenta la nueva
situación que se está produciendo en Cartagena y alrededor de sus
defensas, Moreno se encuentra profundamente preocupado y decide
trasladarse personalmente al Vulcano para conferenciar de nuevo
con el general Martín Alonso, en ese momento y en vista de que
ahora las baterías de Portmán estaban en poder del enemigo, se
desiste de cualquier acercamiento a la ensenada, y se ordena que
los buques naveguen alternativamente al Este y al Oeste
manteniéndose a una distancia media de 13 millas de la costa,
orden como veremos, no recibida por todos los barcos, el Olite con
su radio inexplicablemente averiada no tuvo conocimiento alguno de
la misma y careciendo de cualquier contacto por otro medio se
dirigía a su trágico destino.
Otro cambio de planes que a Franco, enormemente
disgustado, no le gusta, el general se encuentra muy cansado,
apenas ha dormido en estos días y se encuentra enfermo, un proceso
gripal lo mantiene con alta fiebre y bastante molesto, volver de
nuevo al plan inicial de un desembarco en Cabo de Palos o Mazarrón
no le parecía lo más conveniente en estos momentos, si en un
principio no se hizo pues no se tenía claro la respuesta enemiga
en aquellos puntos, ahora con más razón para rechazarlo. Franco a
estas alturas ya es consciente del fracaso de la expedición y lo
único que le importa es poder terminarla sin bajas, poder sacar a
toda aquella gente de la ratonera en la que estaban, su
contestación no deja dudas en su radio de las 14:30 al
vicealmirante Moreno.
Al mediodía del día 7 y en vista de lo ocurrido el
almirante Moreno se comunica a la voz y por radio con todos los
vapores que se encuentran frente a Cartagena dándoles cuenta que
la operación se había suspendido y que la orden era:
"REGRESAR A LOS PUERTOS DE SALIDA LO ANTES POSIBLE,
EXTREMANDO LA SEGURIDAD DE LAS TROPAS QUE LLEVAN A BORDO"
En la madrugada del día 8 de marzo, los distintos
buques que habían formado esta expedición regresan a sus puntos de
partida, las tropas no han podido desembarcar y el resultado en
víctimas ha sido muy grande, los mandos nacionales lo saben y no
reconocerán el fracaso hasta mucho días después, para entonces
Franco ya tiene un responsable de aquel fiasco, eludiendo su
propia responsabilidad, al vicealmirante Moreno Jefe de las
Fuerzas de Bloque del Mediterráneo le caerá la pesada losa de la
muerte de esos 1500 hombres del Olite, su carrera se verá
gravemente condicionada por este hecho y sus intentos de
justificación no tendrán una adecuada respuesta.
Subir
El hundimiento
Son
las 11:00 horas de la mañana del día 6 de marzo de 1939, la mar y
el viento están en calma, la temperatura del agua en la bocana del
puerto de Cartagena es de unos 18 a 19 grados, la bruma no se ha
levantado todavía impidiendo que la visibilidad sea perfecta.
En el Olite ya se avista el islote de Escombreras,
han sido saludados a su paso por los integrantes de la batería de
Los Aguilones con pañuelos y banderas nacionales, todo parece en
calma y bastante tranquilo, no hay señales visibles de otros
barcos, todo el mundo es ajeno a la tragedia que se avecina, un
poco cansados de la travesía y más de uno excesivamente cargado de
alcohol, aquella noche el vino había corrido abundantemente por
las bodegas y cubierta del barco, están medios adormecidos y ni
siquiera se han dado cuenta de que su viaje esta llegando a su
fin.
Debido a la premura del embarque y la precipitada
salida, la radio del barco que estaba averiada no pudo ser
reparada antes de zarpar, durante la travesía y aprovechando que a
bordo del barco se encontraba una sección de transmisiones se
hicieron algunos intentos de ponerla en funcionamiento pero sin
resultado alguno, otros equipos de radio de menor cobertura
tampoco consiguieron en ningún momento de la travesía poder
comunicar con el mando de la operación, se puede afirmar, aunque
parezca increíble, que la incomunicación fue absoluta hasta el
trágico final.
La travesía fue lenta, pero sin incidentes, no
fueron hostigados por ningún avión o barco enemigo durante las
casi 30 horas que duró la misma, siempre manteniéndose a las 25
millas de la costa según se les había ordenado. Durante gran parte
del trayecto, las tropas dedicaron su tiempo a descansar. Un clima
de euforia que ya estaba presente desde semanas anteriores
dominaba los ánimos de la tropa que veían muy cercana la victoria
final. El derrumbe definitivo de la Republica, les hacía
participes de una inusitada alegría, canciones y bailes eran
frecuentes en distintos puntos del barco. Alrededor de las 08:00
horas, del día 9 el Olite se encontraba a unas pocas millas de
Cartagena, durante toda la noche el alférez Rodríguez Lazaga y el
capitán Monasterio habían intentado sin éxito establecer contacto
con algún otro barco de la expedición. Esta falta de contacto
visual con otros barcos es quizás la razón por la cual Rodríguez
Lazaga pensó que la mayoría de los barcos ya se encontraban en el
mismo puerto de Cartagena desembarcando las tropas.
Se produce en este momento un hecho de
trascendental importancia que consideramos fundamental en la
decisión que tomó el alférez al mando del Olite, de no contactar
con el mando de la expedición antes de entrar en Cartagena con su
barco, como se le había indicado en la orden a su salida de
Castellón.
Sobre las 09:00 horas y cuando el Olite empieza a
enfilar el puerto de Cartagena, un hidroavión nacional el Heinkel
60-3, pilotado por el teniente Cordón y el alférez Puigmoltó, que
realizaba un reconocimiento sobre Cartagena, sobrevuela el barco
varias veces, e incluso les saludó con el aleteo de sus alas. Esta
maniobra fue entendida en el puente del Olite, como la señal
esperada en la orden, es decir como la confirmación de que se
podía entrar tranquilamente en el puerto, además esto explicaba
que no fueran atacados por las baterías de costa y de que no se
tuviera ninguna referencia visual de los demás barcos.
En realidad el hidroavión al ver el rumbo que había
tomado el Olite de acercamiento a la bocana del puerto, y como el
avión había sido hostilizado por fuego enemigo al sobrevolar la
ciudad, lo que trataba de comunicar al barco era todo lo
contrario, que se alejara rápidamente de aquella zona por el
peligro que corría ya que en la plaza había sido restablecido el
orden del gobierno de la Republica.
Llegado a este punto parece un disparate que el
mando operativo de la llamada Expedición a Cartagena no supiera
exactamente donde se encontraba el Olite, los demás barcos, que no
eran pocos, se encontraban de forma más o menos escalonada frente
a la costa, conociendo que este barco tenía la radio estropeada y
que no se podía contactar con él, se debería haber dispuesto, en
este caso por el vicealmirante Moreno, que algún otro barco o
submarino estableciese contacto y le comunicara que no era posible
su acercamiento a Cartagena.
No debió ser una casualidad, que el Olite no
encontrara ningún otro barco en su rumbo. El Castillo Peñafiel que
navegaba justo por detrás de aquel le ocurrió lo mismo y a punto
estuvo de correr la misma suerte que el infortunado Olite, fue
atacado por aviones y por fuego de batería de costa lo que le hizo
volver y no continuar su viaje, pero de lo que no cabe duda es que
existía un pasillo por el cual estos barcos llegaban a Cartagena
sin ser vistos por ningún otro barco e imposibilitando su
comunicación.
Desconocemos realmente lo que ocurre en el puente
del Olite en estos momentos, allí se encontraban además de los
oficiales de Marina, el resto de los del Ejército de Tierra, pero
estos se mantenían al margen de las decisiones, son instantes
críticos en los que la confusión y la incomunicación hacen crecer
el temor hacia lo desconocido, se intenta comunicar con los
semáforos que existen en la costa para confirmar la llegada de los
demás barcos antes de poder establecer contacto visual en el mismo
puerto, pero estos no contestan. Ya muy cerca de la costa se
comprueba que las baterías que se encuentran enfrente no hacen
disparo alguno, e incluso saludan con banderas blancas al paso del
barco, la velocidad con que el barco navega es mínima, y realmente
nada parece indicar que puedan ser hostilizados por elementos
enemigos Rodríguez Lazaga toma la decisión de entrar en el puerto,
convencido de que el desembarco es una realidad y que en el mismo
se encuentra el resto de la flota.
Ordena en primera instancia que el personal fuera
desalojando las bodegas subiendo a cubierta, preparándose para el
desembarco, también ordenó que se izarán las banderas; la bicolor
española y la de la falange, el Olite se encuentra en estos
precisos momentos junto al islote de Escombreras a punto de
doblarlo y enfilar el centro de los dos faros que flanquean la
entrada al puerto de Cartagena, toda la oficialidad sigue en el
puente y muchos de ellos con sus prismáticos observan los
edificios de la ciudad que sobresalen por el horizonte, en ese
momento uno de estos oficiales, el capitán de artillería José
Virgili Quintanilla, oficial nacido en Murcia y que conocía
perfectamente la ciudad de Cartagena, percibe el tremendo error
que habían cometido al comprobar que en el puerto no había nadie
desembarcando y lo mas sorprendente todavía, sobre algunos
edificios de la ciudad ondean las banderas de la República.
El Olite sigue avanzando hacia la bocana, todos los
que se encuentran en el puente ya conocen la verdad: No se ha
producido ningún desembarco. No hay barcos nacionales en el
puerto. La ciudad esta en manos enemigas, se encuentran solos en
la boca del lobo. Lo que no entienden es como ninguna de las
baterías que protegen la costa les ha realizado disparo alguno, la
tensión del momento alcanza su máximo, Rodríguez Lazaga no sabe
que ordenar, por un lado podría seguir avanzando hasta el mismo
puerto y desembarcar como fuera las fuerzas que transporta
pillando por sorpresa al desprevenido enemigo, por otro lado y
aprovechando que las baterías todavía están en manos de los
sublevados desaparecer lo antes posible de la zona replegándose
hacia alta mar.
Han pasado escasamente unos minutos y sus dudas
encontraran respuesta, desde uno de los espigones que dan paso al
faro denominado de Navidad, desde allí se les dispara con un cañón
de pequeño calibre, un tiro que cae muy cerca del barco, las
esperanzas que tenía el alférez de no ser bombardeados por alguna
de las baterías se disipan, que no sucediera antes debió ser
producto de la propia confusión existente dentro de las mismas
baterías, todos son conscientes del enorme peligro que corren,
están a tiro de cualquier batería que decida hacer fuego sobre
ellos, son momentos de enorme tensión e incertidumbre, la opinión
de la mayoría es la de variar el rumbo invirtiendo su dirección
hacia alta mar o en el peor de los casos realizar un desembarco
embarrancando el barco en algún punto de la costa cercana y poder
llegar a tierra como sea, pero esta misma maniobra hace todavía
más vulnerable al Olite pues se pone a tiro de nuevo de la
Parajola, en donde ya conocemos lo que ocurre y en donde se
disponen a disparar al barco.
Son las 11:00 horas, el Olite enfila su proa hacia
alta mar, ha invertido su rumbo dejando a su popa el puerto y la
ciudad de Cartagena. Intenta rodear de nuevo el islote de
Escombreras y protegerse detrás, de posibles disparos, pero es
demasiado tarde, en ese mismo instante un zumbido sobrecoge a
todos, una surtidor de agua se levanta junto al barco, no hay
duda: están disparando sobre el Olite, sin tiempo apenas a
reaccionar Rodríguez Lazaga ordena al capitán Monasterio que
intente embarrancar el barco en la bahía que tienen a estribor, en
donde se encuentra otro barco embarrancado. El pánico se desata,
los miles de soldados que están en las bodegas intentan salir como
pueden de aquella trampa, por las escalerillas se producen
empujones y puñetazos, los oficiales que continúan en el puente no
pueden controlar la situación. Algunos hombres que se encuentran
en cubierta se lanzan al mar sin esperar un segundo más, pero
apenas girado el timón y sin que tan siquiera el barco pudiera
enfilar a tierra se produce un segundo zumbido y luego una enorme
explosión, han dado en el barco.
Las consecuencias del impacto sobre el casco del
Olite son terribles, la mayoría de las tropas que se encontraban
en las bodegas perecieron sin poder salir, el resto fueron
despedidos por la onda expansiva. Saltar al mar y poder llegar a
la costa cercana se convirtió en una autentica lucha por la
supervivencia, muchos de los hombres no sabían nadar y se ahogaban
sin tener nada a que agarrase, pero la causa de la muerte más
frecuente la produjeron las heridas y el desangrarse en el mar,
casi todos habían sido alcanzados por la metralla estando
mutilados de brazos y piernas.
Un denso humo verdoso cubre toda la estela del
buque que empieza a hundirse rápidamente, está partido en dos
justamente a la altura del puente, que por cierto ha desaparecido
por completo a causa de la explosión, la mayoría de los oficiales
que se encontraban en él han muerto incluidos el capitán
Monasterio y el alférez de Navío Rodríguez Lazaga.
La parte de popa se inclinó y se hundió primero
arrastrando hacia el fondo a cientos de hombres a continuación en
pocos minutos lo hace la parte de proa, el agua ha entrado por el
casco que presenta un enorme boquete debido a la explosión. En
menos de 15 minutos el Olite esta totalmente sumergido y ha
quedado depositado sobre el fondo marino a unos 24 metros de
profundidad, su posición está plana, no se encuentra escorado
hacia ningún lado y esto explica que emerjan los dos mástiles de
la cubierta sobresaliendo del agua unos metros, muchos hombres se
arremolinan y se suben sobre ellos como un racimo, posteriormente
poco a poco van cayendo al mar y pereciendo bajo las
profundidades.
Decenas de hombres la mayoría de ellos malheridos
llegan a la isla de Escombreras y a la costa, no tienen atención
médica y mueren desangrados, es tal la magnitud de la tragedia que
las tropas republicanas que defienden determinados puntos de
aquella costa, compuestas por milicianos y guardias de asalto, que
en un principio disparan sobre ellos, ahora intentan ayudarles a
ganar tierra y salvarse.
Han pasado ya mas de 24 horas desde el hundimiento
del Olite, sobre los mástiles emergentes ya no se ve a nadie
agarrado a ellos, muchos cadáveres flotan sobre este lugar, los
heridos y supervivientes se encuentran detenidos y prisioneros.
El drama humano fue de terribles consecuencias, de
los cerca de 2.112 hombres que embarcaron en Castellón, 1.476
morirán, 342 serán hospitalizados con heridas diversas y 294
acabarán internados en un campo de prisioneros.
Al amanecer del día 8 de marzo de 1.939 sólo los
dos mástiles del Olite emergen del mar señalando el lugar exacto
donde, a 24 m de profundidad, se encuentran los restos del barco,
los cadáveres de cientos de hombres continuarán saliendo a flote
incluso después de seis meses y cuando la guerra ya estaba
terminada. Ahora los peces acuden masivamente en busca de comida.
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¿Dónde está el
"Castillo de Olite"?
Tras los trágicos sucesos del día 7 y con el paso
de las horas, en Burgos la preocupación entre el mando nacional se
hace cada vez más patente ante la falta de noticias sobre el
paradero del Olite, en la mañana del día 8, el general de la
División N.º 83 ya manifiesta abiertamente su inquietud sobre la
suerte que podrían haber corrido dos de los barcos que
intervinieron en la fallida operación "Expedición sobre
Cartagena", el Castillo Olite y el Castillo Peñafiel. No se sabe
nada, y nadie los ha visto desde su salida de Castellón, se teme
lo peor. El resto de buques sin excepción han regresado sin
incidentes a sus puertos de origen.
Sobre las 22:00 horas de este mismo día se recibe
un mensaje del Jefe de Sector, el Comandante de Marina de Ibiza,
dando cuenta de la llegada a la isla del Castillo Peñafiel, había
llegado a las 16:00 horas, con una vía de agua en el casco, 4
muertos y 22 heridos, el resto de los embarcados estaban a salvo
no sin haber pasado grandes dificultades, pues fueron varias veces
atacados por la aviación enemiga, sin duda la aventura que corrió
este barco fue otra odisea a destacar en esta expedición.
Al comenzar el día 9 de marzo, el único buque que
no había regresado al puerto de origen era el Castillo Olite:
¿Dónde está el Olite?
Comienza en este instante una frenética búsqueda
del barco, las órdenes directas del mando nacional, provocaron una
intensa exploración. Aviones y buques rastrean concienzudamente
cada milla de agua de la zona en la que pudo desaparecer el Olite,
el propio general Franco, a través de su cuartel en Burgos, envía
varios mensajes con preferencia absoluta al almirante Jefe y en
donde ya se hace patente el nerviosismo y la impaciencia por
conocer el destino de este barco:
Contralmirante Jefe comunique a su Excelencia,
situación del vapor "Castillo Olite" inmediatamente.
Su Excelencia el Generalísimo espera
impacientemente noticias del vapor "Castillo Olite".
La División de cruceros, con el Canarias y el
Navarra, exploran varias veces en ambas direcciones la derrota que
teóricamente habría seguido el Castillo Olite, durante toda la
tarde y noche del 9 se intensifica la búsqueda sin resultado
alguno.
Durante todo el día 10, la aviación nacional con un
gran número de aviones seguía rastreando toda la costa entre San
Antonio y Castellón, extendiéndose los reconocimientos a las islas
Baleares y proximidades de Orán, los vuelos continuaron
incesantemente durante los días 11, 12, 13, 14 y 15, sin resultado
alguno.
Mientras los aviones reconocían esta amplia zona,
muchos buques seguían buscando algún rastro del posible
hundimiento del Olite.
Contrasta esta falta de información acerca del
destino final del barco, en el bando nacional, con la información
que corría por la ciudad de Cartagena, allí todo el mundo conocía
el desafortunado destino de los que a bordo del Olite intentaron
llegar a esta ciudad, por eso es extraño que nadie pudiera
contactar con algún mando nacional para comunicarle lo que
realmente había pasado.
La primera noticia que se tiene de lo ocurrido con
el Olite, se conocerá en el cuartel General de Franco por una
información obtenida sobre las 20:35 horas del día 10 recogida de
una escucha realizada a radio Moscú, en ella esta radio informa
que el día 7 de marzo por la mañana:
Un barco enemigo conduciendo a 1.500 soldados se
acercó al puerto de Cartagena, pero ya los republicanos habían
logrado apoderarse de las defensas de la ciudad e hicieron fuego
sobre el buque consiguiendo tocarle con dos proyectiles, el barco
se fue a pique y todos sus soldados perecieron ahogados.
Esta información a pesar de ser la verdadera, no
obtuvo la credibilidad del mando nacional que seguía obstinando en
no admitir que al Olite lo hubieran hundido un disparo de batería
de costa en Cartagena.
Pero pronto otras informaciones, provenientes de
otras fuentes más creíbles por los nacionales, venían a demostrar
lo acertado de la información de radio Moscú.
Por fin se reconoce el destino final del Olite,
ahora ya saben donde esta el barco, y lo ocurrido con él, pero
todavía no se admite por el mando nacional el número de bajas tan
grandes habidas en el hundimiento, manteniendo la falsa esperanza
de que la mortandad hubiera sido mínima.
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Las causas del fracaso
Las causas que provocaron, primero el no poder
desembarcar en Cartagena y en segundo lugar el hundimiento del
Olite se tienen que establecer en la coincidencia de varios hechos
que determinaron esta tragedia y que a continuación pasamos a
detallar:
Fracaso de la sublevación en Cartagena. Esta parece
ser una de las causas principales, si los sublevados en Cartagena
hubieran sido capaces verdaderamente de consolidar y mantener el
control de la ciudad hasta la llegada de los buques, estos
hubieran podido desembarcar sin ningún problema en el mismo puerto
de la ciudad.
Falta de información de lo que está ocurriendo
realmente en la base naval de Cartagena. Pese a la insistencia de
los sublevados de que el control era absoluto, esta circunstancia
nunca se produjo, quedando demasiados puntos fuertes sin dominar e
incluso no pudieron consolidar aquellos que habían controlado, por
citar solamente algunos ejemplos; tres puntos estratégicos en la
defensa de la ciudad como lo eran los castillos-fortalezas que
dominaban todas las alturas de Cartagena como son Galeras, San
Julián y Atalaya, nunca estuvieron bajo control de los sublevados,
y sin el concurso de estos era imposible el desembarco de fuerza
alguna.
Quizás deberíamos argumentar que la insistencia con
que el General Barrionuevo y los sublevados manifiestan
reiteradamente en sus comunicaciones a Franco, "que su dominio de
la base naval y de la ciudad de Cartagena es absoluto", se esconde
de alguna manera el temor del regreso de la Flota republicana que
había salido horas antes del puerto, ellos sabían perfectamente
que sus mensajes radiofónicos enviados a Burgos eran escuchados
por la propia Flota y querían mantener, aunque no fuera cierto, la
idea del control absoluto y el triunfo total de la sublevación a
favor del bando nacional, evitando, además, el regreso de la Flota
a Cartagena.
Pero con esta actitud también confundieron al
propio Franco, que consideró cierto el control total de la plaza
haciendo a este último tomar decisiones de graves consecuencias.
De haber existido una información veraz de lo que estaba
sucediendo en la ciudad departamental se hubiera evitado el
trágico desenlace de la operación.
El tiempo. Se debía actuar con máxima urgencia, la
sublevación fue débil, confusa y mal desarrollada desde el
principio, necesitaba por ello, de ser reforzada inmediatamente,
lo que provocó que el envío de tropas en ayuda de estos últimos
fuera en exceso precipitado. Desde el principio se mantuvo la
tesis de que era conveniente sustituir la seguridad por la
rapidez, lo que provocó el envío de los barcos según se iban
llenando de tropas, sin protección, incluso alguno de ellos con la
radio averiada y sin posibilidad de comunicación alguna, en
peligro constante de ser atacados por aviones, submarinos y hasta
por barcos de superficie, dado que navegaban frente a costas
hostiles y la Flota Republicana aun cuando había huido hacia
Argelia, en cualquier momento podría haber dado marcha atrás
interviniendo en contra de alguno de estos barcos.
Disparidad de criterios en el mando Nacional. A la
hora de la organización y desarrollo de la llamada "Expedición
sobre Cartagena", esta operación, en donde no se sabía bien quien
daba las órdenes, e incluso muchas de estas fueron contradictoras
o confusas entre el propio Generalísimo, el vicealmirante Jefe de
la Fuerza de Bloqueo del Mediterráneo y el almirante Jefe del
Estado Mayor de la Armada, provocó que la orden de operaciones
fuera extremadamente confusa, breve y carente de toda precisión
para evitar, como desgraciadamente ocurrió, que los buques se
arriesgaran a acercase a Cartagena, no haciéndoles mención de la
posibilidad de encontrar baterías hostiles y dispuestas a disparar
a los barcos que tomaban parte en la expedición.
Por tanto, la falta de instrucciones precisas con
la que los barcos salieron a la mar fue otra de las causas de la
tragedia.
Falta de medios materiales para la realización de
un desembarco. Hasta tres posibilidades, en poco menos de 12
horas, se plantearon en la ejecución del desembarco en Cartagena.
Tantos cambios de planes explican por sí solos las dudas, las
incoherencias y la falta de previsión del mando nacional en el
desarrollo de esta operación.
Si en un principio se pensó que el desembarco debía
realizarse en un punto no protegido por la cobertura de las
baterías de costa, como eran cabo de Palos y Mazarrón y desde allí
avanzar hacia Cartagena, más tarde se optó por un desembarco en el
mismo puerto o Arsenal mediante un audaz golpe de mano. Finalmente
se decidió un desembarco en la cercana bahía de Portmán, pero
podemos asegurar que la imposibilidad de que no se pudiera
llevarse a cabo tal desembarco radica más en la falta de medios
para poder ejecutarlo que por la propia dificultad impuesta en
este caso por el enemigo.
¿Cómo puede planificarse el desembarco de cerca de
20.000 hombres en una playa o en una bahía sin tener para ello los
elementos necesarios como pueden ser las lanchas de desembarco u
otros medios de transporte? La única posibilidad, sin este
material, era el desembarco en un puerto con un calado suficiente
y eso sólo podía darse en el propio puerto de Cartagena.
La entrada de la 206 Brigada Mixta en Cartagena. En
la tarde del día 5 se produce el desenlace definitivo que termina
con la sublevación nacionalista. La Brigada 206, al mando de
Artemio Precioso, en unión de los tanques de Archena y las fuerzas
de aviación de San Javier se lanzan al asalto de la ciudad. A lo
largo del día 6 continúan los combates y los focos de resistencia
rebelde van cayendo uno a uno. Al finalizar el día, la ciudad ha
sido recuperada para el Gobierno. Pero, paradójicamente, el
Gobierno que los envió ya no existe. El golpe de Casado ha
triunfado en Madrid y Negrín se ha exiliado. Sin embargo han
acabado con la sublevación y a la postre con la posibilidad del
desembarco nacionalista, además la intervención de la compañía de
Guirao en las instalaciones de la batería de la Parajola, será la
causa directa del hundimiento del Castillo Olite.
Falta de comunicaciones. Parece increíble que un
barco navegue solo y sin noticias hasta su trágico final, sin que
nadie lo impidiera.
Realmente el vicealmirante Moreno debió de tener la
responsabilidad como Jefe del operativo, y por estar él mismo en
la zona, de establecer comunicación con cada uno de los barcos que
formaban la expedición, es muy grave que el mando operativo no
conociera con relativa exactitud la posición de cada uno de estos
buques para darles las órdenes pertinentes.
Navegando por una zona de más de 150 millas de
costa enemiga, y sin tener ningún contacto que le pudiera advertir
de lo que le esperaba al Olite si se atrevía a entrar en el puerto
de Cartagena, el destino del barco tenía un oscuro horizonte.
Alférez de Navío Rodríguez Lazaga, su actitud
arriesgada a la hora de decidir la entrada en la bocana del puerto
no tiene justificación, las órdenes recibidas por él en su salida
de Castellón le especificaban con claridad de que debía esperar un
mandato explícito que le autorizase a entrar en Cartagena. Orden
que no se produjo en ningún caso, aunque él interpretara el aleteo
de un avión como la señal convenida, debió en todo caso confirmar
de alguna otra forma que Cartagena estaba en poder de las fuerzas
nacionales. Su decisión fue el último eslabón de una cadena de
errores y el coste fue enorme, la mayoría de los 2000 hombres
embarcados a bordo de este barco sufrirán las consecuencias de
dicha decisión.
Francisco Franco, generalísimo, se tomó muy en
serio esta operación en la que personalmente tomó el mando. A lo
largo de su vida recordaría con enorme frustración el día en que
el Olite se fue a pique y con él la vida de 1500 de sus hombres,
unas de las cosas que más le preocupaban en cualquier operación
era el coste humano en pérdidas en su propio ejército. Es difícil
de asumir, tanta muerte inútil a pocos días del término de la
guerra, lógicamente para él la responsabilidad del fracaso de esta
expedición es achacable a otros y no por decisiones suyas, pero
como hemos visto anteriormente a cada uno de los intervinientes le
corresponde su parte de culpa y él como parte fundamental en el
desarrollo de esta operación también la tiene aunque no lo
reconocería jamás.
Finalmente concluimos con el propio parte del
vicealmirante Moreno, dirigido a su Estado Mayor de la Armada en
el Cuartel General de Franco en Burgos, para Moreno el fracaso de
la llamada "Expedición sobre Cartagena" y del hundimiento del
barco "Castillo Olite" tuvo un culpable y una causa, es la
siguiente:
"... El Cuartel General de Franco incurrió en
grandes errores: LAS DOCTRINAS OPERATIVAS EN LAS GUERRAS NO DEBEN
DE SER DESCUIDADAS, AUNQUE EL ENEMIGO ESTE DESMORALIZADO Y EN
DERROTA. "
Luis Miguel Pérez Adán, autor del libro El hundimiento del Castillo de Olite. La mayor tragedia naval de la Guerra Civil Española.
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