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También conocida como "Mina de
Negrín", a poco más de un
kilómetro del pueblo de La Vajol se encuentra la Mina Canta,
propiedad de la familia Canta (antepasados de Miquel Giralt,
actual propietario) desde 1868.
De siempre se había
dedicado a la extracción de talco o sabonet (jaboncillo, en
catalán), como otras minas de la zona, destinado a la elaboración
de papel, abonos, cerámica y productos farmacéuticos.
No obstante, a mediados de 1937
el Gobierno estatal expropió la mina con la intención de construir
un depósito seguro en el que salvaguardar los fondos reservados
provenientes de la Caja General de Reparaciones, formados por
lingotes de oro y plata así como objetos de valor provenientes de
las incautadas cajas de seguridad del Banco de España y numerosos
objetos religiosos de gran valor rescatados de las principales
ciudades de la retaguardia republicana.
Con esta finalidad se construye sobre la entrada de la mina una
masiva estructura de hormigón armado y ladrillo rematada por un
edificio de dos pisos. Para su construcción se trajeron mineros y
obreros militarizados de Cartagena, pese a su abundancia en la
zona, con la finalidad de mantener el secreto y se encargó la
dirección de la obra al arquitecto Juan Negrín, hijo del doctor
Negrín, y para el aprovisionamiento de los obreros y carabineros
encargados de la vigilancia del perímetro, se
desplazaba hasta allí un hostelero de la población francesa de Les Illes. De esta forma los habitantes de La Vajol eran del todo
ajenos a lo que allí sucedía. La responsabilidad directa de la
mina era del Ministro de Economía y Hacienda, Francisco Méndez
Aspe.
Posteriormente, y pese a no
haber sido diseñado para ello, el depósito de la mina Canta
acogerá parte de la colección del Museo del Prado hasta el final
de la guerra. Esta faceta se intensificará a medida que avance la
guerra, en parte debido a que el uso de los castillos de Peralada
y Sant Ferran como arsenal, además de almacén de objetos de valor,
los hace especialmente atractivos para los bombarderos nacionales.
Finalmente, señalar que
en la masía de can Descalç de Darnius, también se custodiará una
parte del tesoro artístico.
En febrero de 1939, ante el
rápido avance de las tropas nacionales, se decide la evacuación
del contenido de la cámara e inicia su periplo hacia la Secretaria
de la Sociedad de naciones.
Finalmente, durante la
posguerra, la familia Canta recuperará la propiedad de la mina
previo pago al gobierno franquista de la construcción realizada
sobre la mina por la República. Será en esta misma época cuando
destacados falangistas de Figueres expolien la mina para vender
los motores de los montacargas y el generador eléctrico y vendan
como chatarra el resto de elementos metálicos, incluidas las
puertas de la cámara y los montacargas.
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La visita

Al final del camino de entrada
se encuentra la planta baja de dicho edificio, que consta de una
gran nave con ventanas, una puerta metálica de corredera de unos
cinco metros de ancho, las entradas de los montacargas y unas
estrechas escaleras metálicas que conducen al piso superior. En el
techo se observan unos rieles destinados a desplazar los objetos
desde el muelle de carga, al que da acceso la puerta corredera,
hasta la puerta de los dos montacargas; para ello describen un
recorrido semicircular de 180 grados. También se encuentra en este
nivel, y aislada de la nave, una escalera de obra de varios tramos
que conduce al piso superior, destinado a oficinas y vivienda y,
en el exterior, los ganchos destinados a sostener las redes de
camuflaje que cubrían el edificio.
Desde allí, los enormes
elevadores transportaban los objetos hasta la cámara acorazada
situada en el subsuelo del edificio. Esta sala, de 180 metros
cuadrados, estaba dotada de un grupo
electrógeno que dotaba de total autonomía al complejo. Clausuraba
la cámara una puerta blindada de 20 centímetros de grosor cerrada
por tres cerraduras cuyas llaves estaban en posesión de diferentes
personas. También se accede a la cámara desde la galería de la
mina original, de algo menos de dos metros de ancho, que se
encuentra ladera abajo o siguiendo el camino.

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Estado
actual
En la actualidad el complejo se encuentra abandonado y algunas
zonas son peligrosas, como la galería de la mina que recientemente
fue
precintada por los Mossos d'Esquadra. No obstante la visita
es muy interesante y las vistas son inmejorables.
 
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Rehabilitación
Recientemente, y en especial por el interés suscitado por el libro
El seté camió (El séptimo camión) de Assumpta Montellà, se
ha rescatado del olvido este episodio de la Guerra Civil Española.
Así, en la presentación del libro, realizada en la misma mina, se
escenificó el compromiso de la dirección de Memòria Democràtica
con el proyecto de rehabilitación, elaborado por la propia autora
del libro. Pese a que no se tienen fechas ni presupuesto
definidos, el objetivo final es rehabilitar las instalaciones,
recuperando incluso los montacargas e instalar paneles
explicativos y audiovisuales que lo conviertan en un centro de
interpretación del contexto histórico y de la mina. En el mismo
sentido, será un complemento del Museo Memorial del Exilio,
instalado en La Jonquera (a diez kilómetros de La Vajol), cuya
ubicación en la Mina Canta había sido propuesta y defendida por
Miquel Giralt a lo largo de los años.
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Como
llegar
Por la carretera de La Vajol a Maçanet de Cabrenys (que en aquella
época era una camino de tierra en bastante mal estado), hay que
seguir durante aproximadamente un kilómetro y, antes de llegar a
la altura de la Masía de Can Barris, un camino de tierra parte
hacia la izquierda. El camino se encuentra en bastante buen estado
pero es preferible dejar el coche junto al cartel explicativo de
Can Barris y caminar los 200 metros que lo separan de la mina.
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